Cuando Tatiana se enteró de que Helena la estaba buscando para abogar por Maurino, no pudo evitar soltar una carcajada sarcástica.
Le contestó el mensaje a Cecilia con una sola palabra: [Descuida].
Con esa única palabra, Cecilia supo que no había necesidad de decir más.
Llevó a su abuelo a visitar varios sitios históricos; aunque no solían ser los lugares favoritos de los jóvenes, a las personas mayores les encantaban.
Tal como pensaba, el abuelo disfrutó muchísimo del recorrido escuchando sus explicaciones.
Los demás simplemente lo acompañaron; y aunque no les apasionaba el tema, tampoco arruinaron el buen ambiente.
Aurora también se entretuvo un montón explorando, olvidando por completo que su madre había venido a Villa Solana con segundas intenciones.
A decir verdad, Aurora no tenía ni la más mínima idea de los verdaderos planes de su mamá.
Solo sabía que su primo se había metido en problemas y que su madre quería suplicarle a la tía Tatiana que intercediera por él.
Sabía que lo más probable era que su tía no le ayudara en lo absoluto, por lo que aquel viaje al hospital sería una completa pérdida de tiempo.
Sin embargo, tampoco podía detenerla.
Todo lo que su madre había hecho ya la había dejado muerta de vergüenza frente al abuelo Esteban y los demás.
No iba a ayudarla de ninguna manera a rogarle un favor a su tía.
Mientras tanto, Helena llegó al hospital y se encontró cara a cara con Tatiana.
Como Tatiana ya sabía de antemano el motivo de su visita, la trató con total frialdad desde el primer instante.
Al principio había pensado en simplemente negarse a recibirla.
Pero luego recapacitó; sabía lo insistente que era Helena, y si no la rechazaba de frente, iba a darle falsas esperanzas.
Era mejor pararla en seco de una vez.
—Tatiana, de verdad no tenía idea de que Maurino hubiera hecho una estupidez como esa.
—Pero lo vi crecer, te juro que en el fondo no es un mal muchacho.
—Solamente se dejó enredar por esa mujerzuela.
—Maurino puede cubrir todos los gastos médicos de Valentina e indemnizarla por todo. ¿¿Crees que puedas hablar con ella e intentar llegar a un acuerdo por debajo de la mesa?
—Maurino es el único hijo de mi primo. Mandarlo a la cárcel sería un golpe demasiado cruel para su familia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana