El rostro de Helena se tensó.
¿Ella, de fanática?
Si fuera a ser admiradora de alguien, sería de un galán como Lorenzo, jamás de una escuincla como Valentina.
—Si no es por eso, ¿qué otra cosa podrías querer con Tatiana? —Antes de que Helena pudiera responder, Esteban dedujo la respuesta al ver su expresión.
—Lo que pasa es que esa actricita de Tatiana…
Helena parecía tener dificultades para escupir las palabras: —Tuvo un malentendido con mi sobrino, así que vine a buscar a Tatiana para ver si puedo mediar y arreglar las cosas.
—¿Quién es tu sobrino? —preguntó Lourdes, intrigada.
Cecilia, en cambio, pensó inmediatamente en una persona: ¡Maurino!
Ese era el actor secundario de la serie que había manipulado a la prima de Valentina para hacerle daño y que ahora estaba encerrado en prisión preventiva.
¡Qué casualidad!
¿Acaso Helena esperaba que Valentina retirara los cargos contra él?
Nadie en su sano juicio perdonaría a alguien que casi le quita la vida.
Valentina incluso corría el riesgo de quedar paralítica. Lo más seguro era que tuviera ganas de matarlo, ¿cómo iba a perdonarlo?
Estaba claro que Helena había hecho el viaje en vano.
Dejando de lado la postura de Valentina, su tía Tatiana jamás accedería a una exigencia tan absurda.
—Mi sobrino es Maurino —respondió Helena, riendo nerviosamente.
Como Lourdes no solía estar al tanto del trabajo de Tatiana, de momento no entendió qué problema podía haber entre Maurino y Valentina.
El nombre le sonaba de algo. Helena se había jactado varias veces frente a ellas de lo guapo que era ese sobrino y de que seguro triunfaría en el mundo del espectáculo.
En su momento, Helena intentó que Tatiana firmara un contrato con ese sobrino, pero ella se negó en rotundo sin pensarlo dos veces.
Le puso de pretexto que ya representaba a demasiados artistas y no tenía tiempo para uno más.
Sin embargo, Lourdes sabía que la verdadera razón para no aceptarlo era su parentesco con Helena.
Por muy talentoso que fuera el muchacho, su cuñada no quería buscarse problemas de a gratis.
Además, si de verdad fuera tan bueno, ya habría logrado destacar por su cuenta.
Antes de que Cecilia pudiera hablar, Esteban intervino y rechazó la petición por ella.
—Pero es que no conozco el hospital. Y si tomo un taxi, podrían cobrarme de más… —intentó argumentar Helena.
Pero el abuelo no iba a darle ni la más mínima oportunidad.
Siendo el hombre astuto que era, caló de inmediato sus verdaderas intenciones.
—Ya eres una mujer hecha y derecha. Si a tu edad no tienes sentido común para subirte a un taxi, entonces mereces que te estafen —sentenció el abuelo, sin dejarse chantajear.
Helena se quedó callada.
De verdad, era incapaz de responder ante tales palabras.
El abuelo jamás le había tenido ninguna consideración y no iba a empezar a hacerlo ahora.
No tuvo más remedio que tragarse el orgullo.
Así que dejó a Aurora con ellos y se marchó sola rumbo al hospital.
Cecilia se imaginó exactamente lo que Helena iba a decirle a su tía Tatiana, por lo que le mandó un mensaje de texto para advertirle.

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