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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 798

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—¡No, no, no! —Ágata se negó rotundamente—. ¡Ya no aguanto! ¡Tengo que ir al baño ahorita mismo! —Y sin esperar a que la asistente dijera algo más, la empujó a un lado y salió disparada por la puerta.

Al salir corriendo de esa forma, no volvió a poner un pie en el cuarto sino hasta la mañana siguiente.

Ágata llegó acompañada de su esposo y su hijo.

—¿Dónde está mi Valentina? ¿Ya despertó? —preguntó apenas entró.

Tatiana, observando la disimulada felicidad en los rostros de esa familia, les informó con un tono cargado de pena: —Anoche, Valentina...

Antes de que pudiera terminar la frase, Ágata se le adelantó dramáticamente: —¡¿Pasó algo malo?! ¡¿Verdad que no lograron salvar a Valentina?! ¡¿Se murió?!

Soltando todas esas preguntas en ráfaga, hasta a Tatiana le daban ganas de gritarle que era una grandísima estúpida.

—Exacto, está muerta —contestó Tatiana con una sonrisa fría.

Solo lo había dicho con sarcasmo, pero los Calvo se lo tragaron enterito.

Matías incluso alzó la voz, escandalizado: —¡¿Qué?! ¡¿Cómo que se murió?! ¡¿No que apenas la acababan de operar?! ¡¿Cómo va a estar muerta?! ¡¿Fue porque no la cuidaron bien o porque la cirugía salió mal?! ¡Tienen que darnos una explicación ahora mismo!

Ágata, que en un principio solo planeaba cobrar la herencia de su hija, vio la oportunidad de sacarle provecho al asunto y le siguió el juego: —¡Así es! ¡Tienen que respondernos por esto!

De entrada ni siquiera había pensado en sacarles dinero por una negligencia.

Pero la verdad es que tanto el hospital como esa tal Tatiana ya le tenían colmada la paciencia.

Se la pasaron bloqueándoles el paso, prohibiéndoles todo.

Se suponía que ellos eran los verdaderos padres biológicos de Valentina, y aun así los trataban como si fueran unos simples vividores que venían a aprovecharse.

En especial esa tal Tatiana, que se sentía dueña de todos los bienes de Valentina.

Si con este escándalo lograban exprimirle hasta el último centavo, mejor que mejor.

—¡Exactamente! ¡¿No creen que le deben una explicación a nuestra familia?! —insistió.

Los tres ya estaban en posición para armar un relajo marca diablo, pero tanto Tatiana como el personal del hospital los veían con una calma pasmosa.

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