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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 799

***

Valentina observó a su familia con profunda decepción. Hasta la última gota de cariño que les tenía se había esfumado.

—Sí, claro. Si no fuera un fantasma, ¿cómo podría ver a mi madrecita llorar por mí?

—¡¿No estás muerta?! —soltó Ágata, sin poder frenar la lengua.

Valentina la miró fijamente: —¿Acaso estabas rezando para que me muriera, mamá?

—N-no, claro que no, ¿cómo crees? —tartamudeó Ágata, negándose a aceptarlo a capa y espada.

—Si no querías que me muriera, ¿entonces por qué me arrancaste el tubo de oxígeno anoche? ¿Y la llave del suero? Esa también la cerraste tú, ¿verdad?

Aquella mañana, cuando Valentina había despertado, Tatiana le había mostrado directamente las grabaciones de seguridad.

De verdad nunca imaginó que su propia madre tuviera las entrañas tan podridas.

Ágata desvió la mirada, sudando en frío: —Valentina, ¿de qué hablas? No entiendo ni una palabra de lo que me estás diciendo.

—Así es, Valentina. Tu mamá solo quería cuidarte, pero como se sintió mal anoche, tuvo que irse a descansar. ¿Cómo iba a hacerte algo así? Ni siquiera sabe qué es un tubo de oxígeno —intervino Román para echarle montón.

Matías, mientras por dentro maldecía a Valentina por ser como hierba mala que nunca muere, por fuera ponía su mejor cara de niño bueno.

—¡Hermana! Mis papás vinieron a primera hora al hospital para verte. ¡Todos estábamos rogando para que despertaras pronto!

—Yo creo que más bien rogaban para que me muriera pronto, y vinieron al hospital nada más para asegurarse de que ya estuviera bajo tierra, ¿no?

Todos los Calvo se quedaron congelados por la incomodidad.

Aunque esa fuera exactamente la pura verdad, a ninguno le hacía gracia que se los soltaran tan crudamente en la cara.

—Valentina, ¿cómo te atreves a decir esas barbaridades? ¡Eres una malagradecida! Tu papá, tu hermano y yo...

Ágata seguía con su teatro, pero Valentina la cortó en seco: —Mamá, ¿sabías que hay cámaras de seguridad en mi cuarto?

¿Eh?

Ágata se quedó boquiabierta, con cara de idiota.

Claro que había escuchado sobre las famosas "cámaras de seguridad".

Le habían contado que todo lo que uno hacía se quedaba grabado y se podía ver después como si fuera una película.

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