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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 803

En cuanto Grupo Novaterra le entró al proyecto de la zona oeste, no tardó en sacar a la luz su plan de reubicación.

Los vecinos de la zona estaban brincando de alegría.

No solo les iban a soltar una buena lana por dejar sus terrenos, sino que les daban la opción de escoger entre casas nuevas o locales comerciales. ¿Quién se iba a quejar?

En especial pegó bien con esos vecinos que ya llevaban toda la vida ahí, que se llevaban a toda madre con los demás y que sobrevivían de sus changarros.

Ellos no tenían ninguna intención de irse a otro lado.

Pero cuando checaron la promesa de Grupo Novaterra de armar un corredor gastronómico ahí mismo en la zona oeste, donde hasta los que tenían puestos ambulantes podrían acomodarse, les cambió la perspectiva.

Los que vivían ahí iban a tener un descuentazo, ya fuera para comprar o rentar un local. Con su propio espacio seguro, por fin se olvidarían de estar capeando las tormentas para poder vender.

Para la gente de siempre, eso era mil veces mejor que nomás recibir un cheque y tener que buscar casa en otro lado.

Aunque las ganancias de la comida no los hicieran millonarios, al menos sacaban para darle de comer a su familia.

Ese plan de desarrollo de Grupo Novaterra dejaba en ridículo al que tenía la familia Ortiz.

Ni siquiera tuvieron que mandar a nadie a convencerlos; solitos hicieron fila para firmar los contratos de reubicación.

La vibra de fiesta se sentía por toda la calle.

Si por ahí salía un abuelo necio que no quería dejar su casa, en corto llegaban los hijos o nietos a hacerle entrar en razón.

—Ándele, abuelo, hay que mudarnos. Rentamos un local en el corredor gastronómico y así no se pierde la receta de la familia.

Al señor que le estaban echando porras era famoso por hacer unas gorditas de chicharrón de primer nivel. Le quedaban doraditas, con ese toque quemadito delicioso, con un relleno jugoso y, además, a buen precio.

La gente del rumbo siempre pasaba por una en su camino a la chamba para llenar el tanque.

También se dejaban caer los chavos de las escuelas cercanas; la verdad es que le iba de maravilla con el negocio.

El señor había sido cocinero en una fonda hace años, así que se estaba dando el lujo de seguir disfrutando de su pasión.

—Yo sé que ya le traían ganas a esto de la reubicación, desde hace mucho querían pelarse de aquí —suspiró el abuelo.

—Lo que me pesa son mis clientes de toda la vida. A lo mejor, si nos movemos, ya no me van a encontrar para echarse sus gorditas.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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