—Oye, me enteré de que la familia Gallegos canceló su compromiso con Delfina —comentó Josefina, que no pudo evitar contarle el chisme a Cecilia.
—¿Ah, sí? —Aunque Cecilia suponía que los Gallegos harían algo así, no imaginó que fuera tan rápido.
—La familia Gallegos quiere que Ramiro se case con la hija de un nuevo rico, así que rompieron el compromiso.
—Se dice que la hija de ese señor no es nada agraciada, pero como los Gallegos están en una situación crítica, no tuvieron más remedio que elegirla.
—Me contaron que ella está muy enamorada de Ramiro, e incluso fue al hospital a buscarle problemas a Delfina.
A Cecilia no le interesaban mucho esos chismes.
Para ella, Ramiro ya era cosa del pasado.
Incluso cuando estaban comprometidos, nunca sintió gran cosa por él.
Y mucho menos ahora que el compromiso se había roto hace tiempo.
Sin embargo, como Josefina no paraba de hablar, la escuchó por cortesía.
—Tenías razón, Ramiro no vale la pena. ¡Cualquiera con dinero puede tenerlo!
Josefina apretó los dientes, sintiendo que había desperdiciado sus sentimientos en el pasado.
—Tampoco hables de él como si fuera un gigoló de antro —dijo Cecilia, divertida.
Josefina lo pensó un momento. ¿Acaso no lo parecía?
Aunque Ramiro no era un gigoló, sí era una simple herramienta para la familia Gallegos.
—Hasta me da un poco de lástima Delfina.
¿Cecilia?
Ella ya no sabía ni qué responder.
En realidad, la visita de Ramiro y su nueva prometida al hospital no fue el drama que Josefina imaginaba.
La nueva pareja de Ramiro, Amanda Villegas, no provenía de una familia de abolengo como la de Daniela Peralta, pero su padre, un empresario que se hizo rico de la noche a la mañana, la consentía muchísimo.
El señor Villegas había hecho su fortuna por pura suerte; no era un genio de los negocios, y su hija tampoco.
Por eso, necesitaban a alguien inteligente que heredara el mando de la empresa.
Si buscaban a un simple vividor, lo más probable era que dejaran a padre e hija en la calle.
Pero Ramiro era diferente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana