Delfina seguía cuidando a Héctor cuando le cayó la noticia como un balde de agua fría.
—Ramiro, me estás mintiendo, ¿verdad?
Nunca imaginó que, después de esperarlo tantos días, la noticia que recibiría sería la cancelación de su boda.
—Delfi, no tiene sentido que sigamos con esto. Mi familia está a punto de quebrar —Ramiro la miró con una expresión cargada de culpa y conflicto.
Al enterarse de que Delfina no era hija biológica de Arturo Ortiz, sus sentimientos hacia ella se volvieron complicados.
Era la hija ilegítima de Ivana con otro hombre, y sus padres jamás aceptarían que el compromiso continuara.
Y él no tenía la fuerza para ir en contra de su familia.
Además, con la empresa al borde del colapso, no le quedaba más remedio que sacrificarse.
—¡No me importa! —lo interrumpió Delfina—, estoy dispuesta a enfrentar esto contigo.
Amanda, que estaba a un lado, no pensaba intervenir, pero al escuchar tanta ingenuidad, tuvo ganas de reírse.
Delfina quería enfrentar los problemas juntos, pero era evidente que la familia Gallegos no estaba dispuesta a quebrar.
Si así fuera, no habrían aceptado las condiciones de su padre.
Los Gallegos y los Villegas se estaban usando mutuamente, y Delfina simplemente se había convertido en el daño colateral.
Ramiro la miró con remordimiento y se quedó callado.
Él tampoco quería decepcionarla, pero ahora solo podía elegir abandonarla.
Al ver que Ramiro no respondía, Delfina se volvió hacia Amanda.
—Señorita Villegas, ¿podría no robarme a Ramiro? Su familia tiene mucho dinero, podría conseguir al hombre que quisiera. ¿Podría devolvérmelo?
Amanda frunció el ceño; esas palabras le parecieron de muy mal gusto.
—No te lo estoy robando. Si él estuviera decidido a estar contigo, nadie podría quitártelo.
—Yo respeto la decisión de Ramiro. Si no quiere casarse conmigo, puedo convencer a mi papá de que cancele todo —dijo Amanda con una apariencia de total inocencia.
A Delfina se le iluminaron los ojos:
—¿De verdad? ¿Y su familia de todos modos ayudaría a la familia de Ramiro?
Amanda negó con la cabeza:
Todo lo que le había prometido en el pasado, ya no podría cumplirlo.
Con Amanda presente, no podía decírselo abiertamente.
Pero se lo guardó en el corazón.
Sin embargo, Delfina no hizo el escándalo que él esperaba. Solo sacudió la cabeza lentamente.
—No pasa nada, Ramiro. Sé que tienes tus razones y no te queda otra alternativa. Estoy de acuerdo con anular el compromiso.
Amanda se quedó con la boca abierta. ¿Qué clase de giro era ese?
¿No estaba haciendo un drama hace un momento, diciendo que jamás lo aceptaría?
¿Acaso solo hizo el teatrito por compromiso y se rindió así de fácil?
A Amanda le pareció rarísimo, pero Ramiro se sintió profundamente conmovido.
Él creía que Delfina lo iba a culpar y ya estaba mentalizado para eso.
¿Quién iba a pensar que sería tan comprensiva?

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