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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 812

Lo de Sandra era de esperarse, a ella no le interesaba mucho la ropa de SUNNY; la mayor parte del tiempo usaba ropa deportiva por la comodidad.

Pero Josefina era diferente, a ella en realidad le encantaba la marca, solo que se había hecho la fuerte.

En cuanto consiguió la invitación, invitó a Sandra de inmediato.

Ambas entraron al salón y, al ver a Cecilia, se acercaron a ella.

—¡Ceci! —exclamó Josefina, un tanto eufórica.

Tenía la voz bastante alta, así que al gritar, varias personas voltearon a ver.

Ambas eran atractivas y daban toda la impresión de ser niñas bien, por lo que llamaban la atención.

Sin embargo, la gente de Villa Solana las reconoció de inmediato.

Una era la hija falsa de los Ortiz, y la otra, la hija de la rama secundaria de la familia en bancarrota; no había nada interesante que ver.

A esas alturas, nadie las volteaba a ver.

Los invitados les dieron un vistazo rápido y apartaron la mirada.

En cuanto a Sandra, pasó totalmente desapercibida.

Quienes sí se acercaron fueron las dos chicas que habían tenido problemas con Josefina.

—Fina, ¿qué haces tú por aquí? —Las dos jóvenes antes formaban parte del grupito de Josefina, pero ahora se sentían de una clase social superior, así que empezaron a burlarse de ella.

¿Cómo iba a compararse con ellas una niña rica venida a menos?

Aunque sus familias no estaban en el top de los más ricos de Villa Solana, seguían teniendo mucho dinero.

—Es cierto, Fina. Cuando te preguntamos el otro día, nos dijiste que no ibas a venir —dijo Deborah, una de las chicas—; hasta llegué a pensar que no tenías invitación.

—¡Ay, cómo puedes decir que Fina no tiene invitación! —intervino Mariana, la otra chica—. Todo el mundo sabe que los Ortiz eran la familia más importante de Villa Solana. Aunque hayan quebrado, el que tuvo, retuvo.

Entre las dos hacían eco de sus palabras. Hasta los que no conocían a Josefina entendieron de inmediato quién era.

Conque era de los Ortiz.

¿A qué venía a un evento de SUNNY si su familia estaba en bancarrota? ¿Acaso los Ortiz todavía tenían dinero para comprarle ropa de más de cien mil pesos a su hija?

Nada de lo que se vendía ahí era barato.

¡Por supuesto que no!

Ni sumando las compras de ambas llegarían al millón.

Sin embargo, la tía de una de ellas trabajaba en el mundo de la moda y, gracias a sus contactos, había conseguido entrar.

Llevar a su sobrina para que conociera el ambiente estaba permitido.

—¿Y a ti qué te importa? A saber cómo le hicieron ustedes dos para colarse —replicó Deborah, a la defensiva para ocultar su nerviosismo.

—Fina, no es por meternos en tus asuntos —continuó—, pero tú y Cecilia antes se llevaban pésimo. ¿Cómo pudiste caer tan bajo como para andar con ella?

—¿No se supone que Delfina es tu verdadera prima?

—Si ibas a invitar a alguien, debió ser a ella. ¿Por qué trajiste a Cecilia?

—Así es, Fina. No deberías juntarte con esta chusma —secundó Mariana.

Cecilia se dio cuenta de inmediato de que esas dos intentaban amarrar navajas.

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