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Fuera por la razón que fuera, una persona común no se atrevería a meterse con la familia Adams.
Aunque Cecilia no era de las que se dejaban asustar, tampoco veía la necesidad de ganarse enemigos de a gratis.
Esa rivalidad había sido culpa de Jack, un completo dolor de cabeza que le había caído del cielo.
—¡Tú! —La voz de Julia se tensó, y luego añadió en tono cortante—: Puedes llamarme solo Julia. ¡No me digas señorita Adams!
Julia quería intentar llevarse bien con Cecilia.
Su hermano había investigado y se enteró de que Cecilia también había sido aceptada en la Universidad de Viento Claro.
Le insistió mucho en que debía hacerse amiga de ella.
Al principio, a Julia le pareció una tontería.
Si había venido a Mirasia a buscar atención médica, ¿no podía simplemente contratar al mejor doctor? ¿Qué necesidad había de hacerle la barba a Cecilia?
Sin embargo, pronto entendió el panorama completo.
Resultaba que Cecilia era la prometida del CEO de Grupo Novaterra, una empresa que tenía negocios con su familia, así que los consejos de su hermano tenían bastante lógica.
Considerando que Cecilia ni siquiera estaba interesada en Jack, Julia estaba medianamente dispuesta a llevar la fiesta en paz.
—¿A ti también te gusta la ropa de SUNNY, Julia?
Cecilia le siguió la corriente sin problema.
No tenía ni idea de lo que pasaba por la mente de Julia, pero tampoco iba a rechazar ese intento algo torpe y forzado de acercamiento.
—Me encanta, es de mis favoritas... —En cuanto le dieron cuerda con la ropa de SUNNY, Julia no paró de hablar—.
—Para mi cumpleaños número veinte, quiero pedirle a Sunny que me diseñe un vestido en persona.
—Y esta es una oportunidad que no podía dejar pasar.
Increíblemente, Julia le estaba soltando a Cecilia todo su plan sin filtros.
Cecilia la observó con más atención.
—Pues échale ganas, hoy tienes la oportunidad de ser una de las invitadas afortunadas.
Esta joven Adams era bastante berrinchuda, pero parecía que no tenía malicia.
¿De verdad habían soltado a una niña rica y sin filtro así nomás?

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