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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 823

***

—Oye, ¿y quién es ese chico tan guapo? ¿Lo conoces?

Amanda nunca lo había visto, por lo que asumió que no era alguien de Villa Solana.

—Es el CEO de Grupo Novaterra. Ellos acaban de hacerse cargo del proyecto de la zona oeste que era de los Ortiz y de los Gallegos.

Amanda sí había oído hablar de Grupo Novaterra. Su papá solía comentarlo en casa; si esa empresa no hubiera tomado el proyecto de la zona oeste, a saber en qué desastre habría terminado todo.

La familia Ortiz y la familia Gallegos se habrían ido a la quiebra. Que los Gallegos hubieran logrado salvarse ahora era gracias a Grupo Novaterra.

—¿Entonces conoces al CEO de Grupo Novaterra?

¿No sería un poco incómodo si se conocieran? Si Cecilia terminaba con él, ¿no demostraría eso que Ramiro tenía pésimos gustos? A Amanda le causaba gracia; después de todo, al elegirla a ella ya había dejado en claro su falta de visión.

—No lo conozco —Ramiro no quería admitir que hubieran coincidido.

Solo se habían visto un par de veces. Lo más seguro es que Agustín ni siquiera se acordara de él.

Una vez en el coche, Cecilia estornudó un poco. Agustín subió la temperatura del aire acondicionado.

Las maletas de Cecilia ya estaban listas y acomodadas en la cajuela. Agustín manejó directo hacia el aeropuerto y llegaron justo a tiempo para abordar.

Esta vez no usaron un avión privado. Compraron boletos de primera clase, que ofrecían bastante privacidad.

Al ver a un hombre tan elegante y bien parecido en la primera clase, incluso a las sobrecargos más experimentadas les costó disimular el interés. A pesar de que iba con Cecilia, las miradas no faltaron.

—Señor, ¿le ofrezco algo de beber? —Una sobrecargo muy bonita se acercó a Agustín con voz sumamente dulce.

La sobrecargo lo evaluó con discreción. Al notar que, además de ser atractivo, llevaba un reloj de lujo que valdría más de un millón de pesos, le brillaron los ojos. ¡Era evidente que se trataba de un hombre poderoso! Si lograba conquistarlo, ya no tendría que preocuparse por dinero el resto de su vida.

—No, gracias. Solo le pido una cobija, por favor.

Agustín ni siquiera levantó la mirada. Esa táctica era tan torpe que no le provocó ni el más mínimo interés en seguirle el juego a sus indirectas baratas.

Al no recibir respuesta, la sobrecargo se sintió decepcionada. Estaba a punto de decir algo más cuando Agustín le soltó, con el rostro serio:

—Retírese.

La joven supo que lo había hecho enojar, así que no le quedó de otra más que alejarse.

Encontró pretextos para volver a primera clase unas dos o tres veces, pero Agustín la ignoró por completo. Hasta que se bajaron del avión, la sobrecargo no encontró ninguna oportunidad.

Agustín despertó a Cecilia, quien aún estaba medio adormilada. Mientras bajaban del avión, la sobrecargo los siguió con la mirada hasta que se fueron.

—¿Qué pasó? ¿No conseguiste su número? —le preguntó otra sobrecargo, divertida al ver que seguía viendo cómo se alejaban.

—Me tocó alguien demasiado serio. Se la pasó cuidando a su novia y ni me volteó a ver —respondió ella. Aunque estaba frustrada, sabía que atrapar a un hombre así no era cosa fácil. Si fuera un mujeriego cualquiera, no tendría esa clase.

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