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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 824

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Y ella tampoco se iba a rebajar.

Era atractiva y había atendido a muchísimos hombres ricos en sus vuelos. Más de uno se había ofrecido a mantenerla. Pero nunca había aceptado; al final, ella sabía aprovechar su belleza y esperaba conseguir a alguien que le asegurara el futuro a largo plazo.

Si podía enamorar a un niño rico ingenuo, sería lo ideal. O incluso si salía con alguien un poco mayor, tenía que ser alguien que de verdad le gustara.

Pero hombres de la talla de Agustín estaban a otro nivel, como para ver de lejos y no tocar. Con razón sus compañeras, aunque les gustara, ni siquiera lo habían intentado. ¡Era una causa perdida!

—Esa seguro que no es su hermana —se rio la otra sobrecargo.

En su trabajo veían todo el tiempo romances fugaces e interacciones de parejas, así que tenían buen ojo para esas cosas. Ella apostaba a que la chica era el amor de la vida de ese hombre, porque de otro modo no la trataría con tanto cuidado. Las diferencias en el trato entre ella y la sobrecargo eran del cielo a la tierra.

Cecilia soltó un estornudo, sin tener la más mínima idea de que estaban hablando de ella.

Ya era de madrugada, moría de sueño y además sentía hambre. Aunque había comido un montón de postres en el evento, en realidad no había cenado nada pesado.

Como sentía que aún estaba en edad de crecimiento, decidió que lo mejor sería comer algo.

—Vamos a cenar algo.

Agustín notó cómo a Cecilia le brillaron los ojos en cuanto mencionó la palabra «cenar», confirmando que en serio tenía hambre.

La llevó a un restaurante local abierto las 24 horas y pidió un caldo caliente, pan dulce, varias guarniciones de la casa y un plato de carne asada.

A Cecilia le encantó la comida, y al ver el apetito de la joven, Agustín se animó a comer un poco más también. Cuando terminaron de cenar, ya pasaban de las dos de la mañana.

—A esta hora vas a despertar a tu abuelo si regresas. ¿Qué tal si te quedas en mi casa a dormir? —le preguntó Agustín para saber su opinión.

Cecilia lo pensó un momento.

—Está bien.

Agustín la llevó a su casa. Su abuelo Ezequiel ya se había acostado, así que entraron sin hacer ruido.

Agustín en persona buscó artículos de aseo personal para ella, pero al intentar conseguirle una pijama, se topó con un problema.

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