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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 829

Ambos jóvenes salieron juntos de la casa, luciendo como una pareja sacada de una revista.

Darío los observó marcharse y sintió un nudo en el estómago.

Incapaz de aguantar la intriga, decidió lanzar un anzuelo: —Qué bonita es la nieta de los Ortega. Se parece mucho a su madre.

—Tiene muchos rasgos de Luciana, sí, pero también sacó bastante de su padre.

Al mencionar a Luciana, no hubo ni una sola pizca de resentimiento en la voz de Ezequiel.

Esa simple reacción ya decía muchísimo sobre su postura.

—¿Por la forma en que lo dices, asumo que llegaste a conocer al papá de Cecilia?

Ezequiel no lo negó: —He oído hablar de él, aunque nunca lo conocí en persona.

—Esteban me platicó un poco.

La preocupación de Darío se disparó al máximo. Si las dos familias no se habían jurado odio eterno después de que Luciana escapara de su boda, significaba que había altísimas probabilidades de que los abuelos estuvieran planeando casar a Agustín y a Cecilia.

¿Y dónde iba a quedar Adelina entonces?

—Cambiando de tema, Agustín ya está en edad de sentar cabeza. ¿Ya anda saliendo con alguien? —preguntó Darío, tratando de sonar casual.

—Eso tendrías que preguntárselo a él. Yo ya aprendí que cada muchacho forja su propio destino, no me meto en sus enredos amorosos —respondió Ezequiel, evadiendo dar detalles.

Desde su punto de vista, el asunto entre su nieto y la pequeña Ceci ya estaba más que asegurado.

Antes creía que a Agustín no le interesaban las mujeres, pero ¿cuánto tiempo llevaba instalado en el otro lado del país?

¡Iba a ser mucha casualidad que Cecilia no tuviera nada que ver en eso!

El abuelo estaba que no cabía de felicidad con la situación.

—En eso tienes toda la razón. Los chavos de hoy traen otras ideas. Ve a mi Adelina, terca y empeñada en irse al extranjero para seguir sus sueños —comentó Darío.

—Cuando se fue, yo me la pasaba angustiado pensando: «¡Híjole! ¿Qué voy a hacer si me sale con un novio extranjero?».

—Y ahora que veo que lo único que le importa es el estudio, ya hasta me preocupo de que se me vaya a quedar solterona.

—Es normal, al final es mujer y uno como abuelo siempre se preocupa más —le dio la razón Ezequiel, comprendiendo perfectamente lo que sentía su viejo amigo.

De hecho, sabía muy bien que la muchacha siempre había arrastrado la cobija por su nieto.

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