—¡Cierra la boca, es mi prima!
Si se tratara de alguna mujer interesada en su dinero, Enzo no se habría puesto tan a la defensiva.
Pero Cecilia era de su familia; si por su culpa se llegaba a difamar su reputación, a él le iría muy mal con los suyos.
—¿Tu prima? ¿De dónde sacaste una prima? ¿Crees que no conozco a todos en tu familia?
Máximo no era de los que se dejaban ganar tan fácil.
Como antes habían sido grandes amigos, se la pasaban en la casa del otro todo el tiempo. Obviamente conocía a la perfección el árbol genealógico de la familia Ortega.
Inspeccionó a Cecilia con la mirada y, al notar que en sus facciones había un ligero aire de parecido con Enzo, se divirtió aún más.
—¿No me digas que es una hija ilegítima de alguien de tu familia?
Cecilia era de trato amable, pero en absoluto alguien de quien uno pudiera aprovecharse.
Le lanzó una mirada de soslayo a Máximo y preguntó:
—Enzo, ¿quién es este tipo y por qué le apesta tanto la boca?
Enzo estaba a punto de enojarse, pero la ocurrencia de Cecilia lo hizo reír.
—Sí, huele peor que un basurero, ¿verdad?
—Para que te enteres, Cecilia, él es famoso en todos lados por hablar pura basura.
Dicho esto, le dirigió una mirada helada a Máximo.
—Tú y yo podemos pelearnos todo lo que quieras, ¿pero de verdad crees que puedes andar haciendo bromas sobre hijas ilegítimas?
—¿No te da miedo que mi madre vaya a tu casa a cantarle unas cuantas verdades a tu familia?
—Vaya que el señor Cordero sí supo criar a su hijo... No solo te peleas con tus amigos por una mujer, ¡sino que ahora hasta inventas chismes de nuestros mayores!
—Y sobre quién es mi prima o no... ¿De casualidad necesitas que mi abuelo vaya personalmente a explicárselo a toda tu familia?
El rostro de Máximo se ensombreció; se había arrepentido casi en el mismo instante en que las palabras salieron de su boca.
Era cierto que ellos dos no se soportaban, pero sus familias llevaban una excelente relación. Si por hablar de más provocaba un conflicto entre ambos bandos, las cosas se pondrían feas.
Aun así, que una escuincla desconocida le dijera que le apestaba la boca lastimaba muchísimo su ego.
Además, ¿a qué venía eso de que el mismísimo abuelo de Enzo tendría que ir a explicar quién era su prima?
¿Acaso la chica no era hija ilegítima de alguno de sus tíos, sino que tenía que ver directamente con el mismísimo Esteban Ortega?
En los ojos de Máximo brilló la morbosa curiosidad del que está a punto de presenciar un buen chisme.

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