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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 896

Cecilia sonrió con cierta ironía: —Prefiero no quitarle a nadie lo que tanto le gusta.

Davis se mostró decepcionado: —Mis postres son muy ricos.

—Si no me crees, pregúntale a mi hermana.

Cecilia miró a Aurora.

A Aurora le tembló el labio y su expresión era difícil de describir.

—Siempre le ha gustado experimentar con esas cosas desde niño, pero... —Aurora recordó los desastres culinarios que Davis solía preparar.

—Le encanta bromear y los sabores de sus postres son rarísimos.

Por ejemplo, en el cumpleaños de su mamá, este chico preparó un pastel que parecía un pedazo de mierda.

Aunque sabía bien, a simple vista era idéntico a una plasta de caca.

Tanto así que nadie en la familia se atrevió a probarlo.

«Ese pastelito de limón seguramente también era una trampa», pensó Aurora. Menos mal que Davis tuvo el sentido común de no dárselo a Ceci.

Con lo mucho que el abuelo Esteban y la familia protegían a los suyos, si este chico realmente ofendía a Ceci, le iría muy mal.

—¿Cómo que era una trampa? El pastelito de limón lo hice con limones de verdad, puros ingredientes reales —se defendió Davis.

Cecilia tuvo una epifanía: —¿Entonces debe ser bastante ácido, no?

—¿Ajá? —Davis no lo negó.

—Entonces, efectivamente es perfecto para Zoe —insinuó Cecilia.

Davis soltó una carcajada: —¡Tienes toda la razón, Cecilia!

Al parecer, él no era el único al que le caía mal Zoe.

Todo era culpa de Zoe, que siempre se la pasaba fingiendo. Cada vez que visitaba a la familia Ortega, se hacía la niña buena frente a su tía Lourdes.

No era la primera ni la segunda vez que Davis le jugaba una broma.

Después del incidente, él siempre se disculpaba con mucha seriedad, por lo que a Lourdes le resultaba difícil regañar a un niño.

Además, su sobrina tampoco era una santa.

Si los adultos se metían en los pleitos de los niños, las cosas solo empeorarían.

—Cecilia, me caes bastante bien, por favor sigue así.

Davis extendió la mano para palmear el hombro de Cecilia.

Cecilia le sujetó la mano y dijo: —Tú también me caes bien, siempre y cuando no trates de pasarte de listo conmigo.

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