—Aquí les dejo mis tarjetas. ¡Si alguno cambia de opinión, por favor contácteme!
Los tres aceptaron las tarjetas. Solo entonces Axel dio media vuelta y dejó de acosarlos.
Cuando se fue, Aurora por fin soltó un suspiro de alivio.
—Por fin se largó. Si se quedaba más rato, no sé si hubiera podido resistir la tentación.
Aurora estudiaba danza. De hecho, sí había pensado alguna vez en meterse al medio del espectáculo, pues era un gran atajo.
Además, con los contactos de su tía Wilma y el respaldo de la familia Ortega, no le preocupaba que alguien quisiera abusar de ella en la industria.
Sin embargo, el consejo de su tía Wilma había sido esperar el momento adecuado y no adelantarse. Aún no terminaba la escuela, así que no había prisa.
Su tía Wilma le había dicho que podría abrirle el camino, siempre y cuando su mamá no se metiera.
Aurora entendía los pros y los contras, y había estado de acuerdo. No era de las que se la daban de muy independientes por capricho; si tenía el apoyo económico de su familia y la facilidad de la tía Wilma, ¿por qué no aprovechar ese atajo?
En cuanto a ese tal Axel, por mucho que hablara maravillas, si de verdad fuera tan bueno, no seguiría siendo un desconocido después de tanto tiempo en el medio.
Los representantes de renombre eran acosados por los artistas para que los firmaran, no andaban rogando en la calle de esa forma tan lamentable.
Cecilia y Aurora pensaban exactamente lo mismo.
Cecilia, que no tenía la menor intención de entrar a ese ambiente, solo volteó a ver a Davis:
—Hubo algo en lo que no se equivocó. Con la cara que se carga Davis, seguro volvería locas a un montón de chavas si se hiciera artista.
Y no solo a las chavas; probablemente atraería a muchas señoras también. Sin embargo, el muchacho no tenía ningún interés en ser famoso.
—Yo mejor me enfoco en la escuela —dijo Davis.
Aunque Davis no quería entrar en competencia con sus primos, la verdad es que no soportaría las eternas quejas de su mamá si hacía algo así.
Por su parte, Axel sentía que acababa de descubrir a tres estrellas en potencia. El hecho de no haberlos podido firmar lo dejó sumamente frustrado.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana