—¿Entonces quién es?
Davis estaba más intrigado que Aurora.
—Es la hermana gemela de aquella acompañante, y también el primer amor de Enzo, la señorita Fabiana Medina.
Era una simple conjetura de Cecilia, pero lo más probable es que no estuviera equivocada.
—¡No manches, Enzo tiene un primer amor! —Aurora exclamó, asombrada. Enzo cambiaba de novia como de calcetines, así que dudaba que a él le importara siquiera eso de los primeros amores.
Parecía el típico mujeriego que solo andaba jugando con todo el mundo.
Los tres pidieron algo al azar, bien clavados en estar chismeando lo que Enzo hablaba con su ex.
Fabiana estaba muy arrepentida. Se preguntaba si, de haberle hecho caso a Enzo en aquel entonces y haberse alejado de sus papás, habría podido conservar a un exnovio tan guapo como él.
—Enzo, sé que te decepcioné mucho. Durante todos estos años también me he estado cuestionando la decisión que tomé.
—Pero es que no lo entiendes, desde chiquita me ha hecho tanta falta el cariño de mis padres, que con tantita atención que me dieran, yo era capaz de...
—Sé que no puedes entenderlo. Perdóname... Te fallé cuando lo único que hacías era tener buenas intenciones conmigo.
—No me había atrevido a volver a Viento Claro en todo este tiempo, simplemente porque sentía que no podría darte la cara.
Los ojos de Fabiana se cristalizaron un poco. Ambos habían crecido, y Enzo estaba mucho más guapo de lo que recordaba. El arrepentimiento en su interior solo se hacía más fuerte. Si tan solo no se hubieran separado...
—¿Ah, pero ahora sí ya puedes darme la cara? —Enzo jugaba con un encendedor en las manos y la miraba con una ligera sonrisa burlona en los ojos.
Fabiana seguro había regresado porque su hermana Adriana también lo había hecho. Enzo no tenía idea del teatrito que las hermanas se traían entre manos, pero le quedaba claro que jamás volvería con Fabiana.
Si ella regresaba o no a Viento Claro, a él le daba exactamente igual.
—Nunca pude superarte —dijo Fabiana, mirándolo con evidente culpa—. De verdad, perdóname, Enzo.

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