Entrar Via

Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 905

—Es igualita a Adriana.

Sin embargo, no era que fuera imposible distinguirlas. Al menos Cecilia había sido capaz de notar las diferencias a primera vista. Cuando ninguna de las dos hablaba o se movía, sí que compartían rasgos casi idénticos.

—¿Seguros de que no me venían siguiendo? —Enzo no pudo evitar dudar de nuevo.

Con lo viva que era Ceci, no le parecía extraño que hubiera descubierto quién era Fabiana. Lo que le sonaba muy raro era haberse topado con esos tres escuincles precisamente en ese momento.

Cecilia lo miró estupefacta:

—Ay, por favor, Enzo, ¿qué podrías tener tú de interesante como para andarte espiando?

—Sí, Enzo, a nosotros nos tiene sin cuidado tu largo historial amoroso —le hizo eco Davis.

La única intrigada era Aurora:

—Oye, Enzo, ¿y sí fue tu primer amor en serio? Fíjate que no se ve como yo me la imaginaba.

—¿Cómo que no se ve así? —preguntó Enzo, olvidando por un momento seguir haciéndose el loco.

—Pues, ¿cómo te explico?... Es guapa, sí, pero le falta.

Para alguien como Enzo, se quedaba bastante corta. Era bonita de una forma demasiado sencilla. Y como todas las novias que había tenido después de ella eran unas diosas, en comparación con ellas, Fabiana simplemente se quedaba muy por detrás.

Lo que nadie se esperaba era que Fabiana hubiera olvidado su bolsa en el restaurante y, justo en el momento en que volvía por ella, alcanzara a escuchar eso.

Se puso pálida al instante. Ella no ubicaba a la familia de Enzo, así que pensó que esa chava tan guapa era solo una amiga suya.

Y que, con mucha probabilidad, acabaría convirtiéndose en su novia.

A decir verdad, el comentario sobre su aspecto era muy atinado.

Pero, a fin de cuentas, a nadie le gusta que digan a sus espaldas que no daba el ancho para su ex.

Aunque, en el fondo, hasta ella misma sentía que Enzo le quedaba demasiado grande.

—Enzo, tu amiguita ya regresó —le avisó Cecilia.

Él volteó a ver y, en efecto, ahí estaba Fabiana.

¿A qué había vuelto?

¿A poco pensaba terminar su plato?

Fabiana se moría de la vergüenza por cómo la miraban:

—Se me olvidó mi bolsa.

Enzo echó un vistazo a la silla de enfrente y, en efecto, ahí estaba tirada la bolsa.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana