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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 904

Con sus excelentes calificaciones, habría sido pan comido asegurar su lugar ahí y volver.

Sin embargo, sus padres se impusieron y le cambiaron sus opciones a la fuerza, argumentando que su universidad actual le aseguraba la beca del posgrado de forma automática, y que no tenía necesidad de ir a hacer el examen a Viento Claro.

Todo el tiempo le decían que, en vez de regresar a Viento Claro, lo mejor era quedarse allá, que ya se había acostumbrado y no tenía sentido competir a muerte por un lugar en la Universidad de Viento Claro.

Ella sí fue a Viento Claro, pero no pudo presentarse a la entrevista para el posgrado.

¡Se pasó el día entero vomitando y mal del estómago! Fabiana sospechaba que sus propios padres le habían echado laxante en la comida, pero nunca tuvo pruebas para demostrarlo.

Y encima de todo, le echaron en cara que se le habían subido los humos por haberse ido a estudiar a otro lado...

Sin otra salida, a Fabiana no le quedó de otra más que regresar a la universidad de fuera para hacer su posgrado.

Cuando por fin lo terminó, pensó que ahora sí iba a ser libre de regresar a Viento Claro.

Sin embargo, sus papás le salieron con la novedad de que ya le habían conseguido unas prácticas profesionales justo en el mismo estado en el que había estudiado. Se opusieron tajantemente a que regresara a su ciudad.

Por eso, esta vez regresó a escondidas.

Tras enterarse de que su hermana había vuelto al país, Fabiana no se aguantó las ganas y también se lanzó para allá.

Total, las oficinas corporativas de la empresa donde estaba haciendo sus prácticas estaban en Viento Claro, así que pidió su traslado directamente. Sus padres ni idea tenían de su regreso, pero Adriana se encargó de marcarle a diario para platicarle que ya había visto a Enzo.

Enzo no había sido el único chavo que se había interesado en ella alguna vez, pero era el único que, estando tanto su hermana como ella de por medio, la había elegido a ella.

Fabiana no iba a permitir que su hermana le robara a Enzo también. Y por eso, en un arranque de desesperación, se había regresado.

En cuanto llegó, lo primero que hizo fue buscarlo. Y corrió con la tremenda suerte de que Enzo ni siquiera había cambiado de número de celular.

—No es que me arrepienta, es que yo... —Fabiana no sabía cómo mentirle. Pero tampoco le quería decir la verdad. También tenía su orgullo, aunque ese orgullo frente a Enzo ya no valiera un peso.

—Mira, no vine a escuchar si te arrepientes o no —la interrumpió Enzo, harto de que Fabiana le diera tantas vueltas al asunto.

—Si te invité a comer hoy, fue solo para dejarte en claro que cortamos hace muchísimo. Ahora no somos más que un par de desconocidos.

—Así que no hay ninguna necesidad de que nos sigamos viendo.

—Y en cuanto a tu hermana...

—Mejor que no se me vuelva a cruzar en el camino, porque no me voy a tentar el corazón.

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