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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 934

Cecilia soltó un suspiro resignado. —¡Tú síguele cumpliendo sus caprichos!

—¡Ay, no creas! No voy a dejar que Estella trabaje de a gratis; ¡le pago cien pesos por cada maleta! —A la niña rica ni siquiera se le ocurría checar en cuánto andaba la tarifa de un cargador.

Estella movió la cabeza a toda velocidad. —¡No, para nada! Estoy fuerte, te ayudo con gusto. Somos compañeras, ¿cómo crees que te voy a cobrar?

En cambio, a Cecilia y a Mireya la idea les pareció perfecta: —Bueno, pero cien pesos es mucho. Que sea precio de amiga, unos veinte pesitos por maleta.

Cecilia pensó que, si la cantidad era menor, Estella no se sentiría tan comprometida al aceptarla.

Y para Macarena, eso no era más que unos cuantos pesos para los chicles.

Era tan poquito que hasta le dieron ganas de sacar diez maletas más para que Estella se ganara un dinerito.

—No, no, sigue siendo muchísimo dinero, esto no vale tanto.

Estella insistió una y otra vez, hasta que acordaron dejarlas en diez pesos cada una.

Iba a bajar dos, o sea, veinte pesitos.

Lo demás, que lo cargara Macarena.

Ambas quedaron contentas, y Cecilia y Mireya se adelantaron.

Estella se quedó para ayudar a su compañera.

Ya afuera, Mireya le preguntó en voz baja a Cecilia: —¿No crees que eso afecte la autoestima de Estella? Me da pendiente que Macarena agarre la maña de arreglarlo todo con dinero.

Y que terminara agarrando de su puerquito a Estella.

Como Mireya había sido una niña consentida y jamás le había faltado nada, le daba mucha compasión la situación económica de su compañera.

Aunque Mireya tenía hermanos mayores, en su familia la seguían tratando como a una princesa.

Estella vivía una realidad completamente distinta.

Cecilia negó con la cabeza: —No creo, la niña fresa no es de mala fe; y, además, Estella se está ganando la lana con su propio esfuerzo. Digamos que las dos salen ganando.

—Y mira, si Macarena se quiere pasar de lista y tratarla como a su empleada, pues para eso estamos nosotras, ¿no?

A fin de cuentas, Estella era una amiga que había conocido en el campamento de invierno anterior; si veía que le hacían una fregadera, Cecilia no se iba a quedar cruzada de brazos.

Aparte, no se podían olvidar de Viviana.

Aunque a Viviana la habían descalificado de ese campamento, también se había quedado en la Universidad de Viento Claro.

Y conociendo el carácter de Viviana, no era una chava con la que quisieras meterte.

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