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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 937

—¡Qué buen clima hace aquí!

Alguien de la clase lo exclamó en voz alta, aunque no se supo quién fue.

El contraste era brutal; el camión venía demasiado sofocado.

Bajar de ahí se sintió como entrar en el paraíso.

En cuanto Cecilia se bajó, fue directo a recoger sus maletas.

Elías, que no le había quitado el ojo de encima, estuvo a punto de ofrecerle ayuda, pero vio cómo la chava cargaba todo sin el menor esfuerzo.

*Diario de Observación de Cecilia:* Tiene muchísima fuerza, más que la mayoría de los hombres de la clase.

Cecilia notó que se le quedaba viendo:

—¿Se te ofrece algo?

Elías negó con la cabeza:

—No, nada. Pensé que ocuparías ayuda.

Normalmente, las mujeres tenían menos resistencia física, pero estaba claro que Cecilia era la excepción a la regla.

La facilidad con la que cargaba su equipaje superaba a la de muchos de sus compañeros.

Y es que hoy en día, muchos chavos ni siquiera tenían buena condición física.

Venían muy consentidos de sus casas, no hacían ejercicio y se la pasaban encerrados; seguro se cansaban más rápido que las niñas.

No era exagerado decir que solo servían de adorno.

—No lo necesito, gracias. Mejor, jefe de grupo, ve a ayudar a los demás.

Cecilia miró hacia atrás. Martina se la estaba arreglando bastante bien, pero Teresa, Regina y Carla traían cara de auxilio.

Apenas terminó de hablar Cecilia, cuando Carla ya le estaba gritando:

—¡Jefe de grupo! No seas gacho, no nos hagas el feo solo porque Cecilia está más bonita.

—¡Yo también ocupo ayuda!

—Sí, no nos dejes aquí botadas —dijo Regina, metiendo cizaña por pura diversión.

Teresa no dijo nada, pero miró a Elías con unos ojitos de perrito regañado que hablaban por sí solos.

Elías se encogió de hombros, resignado:

—Solo tengo dos manos, no puedo con todo.

Las chavas le chiflaron en tono de burla.

Él no se molestó, solo volteó hacia los demás compañeros:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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