Durante esos tres años, había sido el alumno con la tasa más alta de materias reprobadas.
La limpieza general del cuarto se hacía una vez a la semana, pero no la hacían ellos; el chico rico pagaba a alguien para que la hiciera.
Por eso, al enfrentarse a él, era evidente que a Jordán le faltaba confianza.
Sin embargo, quién sabe si fue por llevar tanto tiempo reprimiéndose, pero esta vez no le importó quedar bien con él.
—¿Quién dijo que yo moví su cuenta para robar dinero? ¿Dónde están las pruebas? —gritó Jordán—. ¡Sin pruebas los puedo demandar por difamación!
»Solo usé su compu para ver acciones. ¿Qué tal si alguien más entró al cuarto cuando no estábamos?
»¿Acaso no se les ocurre pensar que muchas veces dejamos la puerta abierta y cualquiera pudo haberlo hecho?
»¿Por qué tienen que echarme la culpa a mí? ¿Solo porque no tengo dinero?
Jordán enfureció, sintiéndose humillado.
El chico rico se llamaba Goran.
Goran no esperaba que el otro le empezara a gritar de la nada.
Lo miró con burla:
—¿Te remuerde la conciencia?
—¡No me remuerde nada, deja de decir tonterías! —Jordán se esforzó por sonar más seguro.
Pero mientras más lo hacía, más parecía estar fingiendo.
De por sí, Izan ya sospechaba de él, y con esa actitud, las sospechas solo se hicieron más grandes.
—Izan, ¿a poco tú también desconfías de mí? —La cara de Jordán no se veía nada bien.
Izan lo miró fijamente:
—Jordán, si fuiste tú, entrega el dinero de la chava y yo me encargaré de aclarar cualquier malentendido que haya de por medio.
»Pero si no fuiste tú, entonces les voy a dar el visto bueno para que traigan a la policía.
»Puede que alguien se haya aprovechado de mi computadora. Esto no solo es una pérdida de dinero, sino que me está afectando a mí.
»Tengo que demostrar mi inocencia a como dé lugar.
Justo en ese instante, Izan recibió una llamada de Cecilia.
—Izan, ¿ya encontraron al culpable?

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