—Los resultados de nuestra investigación no se equivocan. Si te niegas a confesarlo, ¿quieres que te pongamos toda la evidencia sobre la mesa?
El oficial no le quitaba la vista de encima.
Se supone que era un estudiante destacado de la Universidad de Viento Claro, ¿cómo era posible que cayera tan bajo?
—Jordán, más te vale que pienses bien las cosas. ¿Vale la pena echar a perder tu futuro por unos cuantos cientos de pesos?
»¡Ya le avisamos a tu tutor!
Jordán sintió verdadero pánico.
No esperaba que llegaran a tales extremos.
¿Para qué demonios llamaron a su profesor? ¿Querían meterle un reporte grave o lo iban a expulsar de una vez por todas?
—¡Está bien, confieso!
Jordán terminó por ceder.
Antes de que llegara su tutor, soltó toda la verdad.
—No quería robarles de verdad, tampoco pensaba quedarme con el dinero a la mala.
»Solamente quería esperar a que abriera el mercado al día siguiente, recuperar algo con mis acciones y luego regresarles su parte.
»¿Quién iba a imaginar que serían tan impacientes y que hasta irían a buscar a Izan?
»La verdad es que al inicio solo quería ayudar y, de paso, llevarme algo como comisión.
»Por favor, créanme, oficiales, no soy esa clase de persona...
¿Ah, no? ¿Entonces de qué clase era?
Los policías se miraron entre sí.
El muchacho primero había actuado como si no fuera a ceder hasta tener la soga al cuello, y ahora estaba ahí, lloriqueando de esa forma. Era increíble.
¡Qué su tutor se hiciera cargo de enderezarlo!
Cuando por fin llegó el profe Ramírez, Jordán siguió con su teatro: diciendo mentiras, actuando estar muy arrepentido, y hasta juró que les iba a regresar el doble a las chicas tan pronto pudiera vender las acciones.
El profesor supo que estaba mintiendo con solo verlo.
Pero, ¿qué otra opción le quedaba?
No le tocaba más que tratar de encubrir el desastre.
Si no, ¡realmente podrían meterlo a la cárcel por fraude!
Esos de nuevo ingreso también tenían la culpa; ante algo así, ¡obviamente debían buscar a los profesores primero!
Cualquier maestro habría mediado en el problema, ¿qué necesidad había de armar tremendo alboroto en la delegación de policía?

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