¿Quién era Lucas? Había operado en el bajo mundo de Silvania durante años, con un pie en la legalidad y otro en el crimen. Vigilarlo nunca iba a ser fácil.
Amanda frunció el ceño.
—Está bien, enterada.
El caso de las armas en el muelle involucraba a mucha gente importante. Para no causar pánico social, los detalles no se hicieron públicos.
Sin embargo, Amanda presentó una denuncia como víctima, reabriendo la investigación del accidente de hace tres años y el fraude médico.
Amanda trajo a dos testigos clave a Silvania. Confesaron todo lo que sabían. Tras verificar la policía sus testimonios, se confirmaron las pruebas contra Lucas y Olivia. Se emitió una orden de arresto.
El día que arrestaron a Olivia, Amanda estaba abajo esperando.
Desde que Nicolás firmó el acuerdo de donación de bienes, Elena descubrió que él siempre había desconfiado de ella. Sin que se diera cuenta, Nicolás había transferido todos los bienes conyugales. Ahora que Grupo Zúñiga estaba en bancarrota, Elena no tenía nada a su nombre, y Nora se había apoderado de su única casa.
Tras salir del hospital, los tres tuvieron que rentar un lugar para vivir.
Amanda estaba parada bajo una jacaranda. La brisa movía las hojas verdes con un susurro. Miró hacia el frente y, unos diez minutos después, vio a quien esperaba.
Olivia también la vio.
La miró con un odio profundo, una mezcla de resentimiento y furia tan afilada como cuchillos.
Amanda, tranquila y con la postura de una vencedora, sonrió levemente.
Elena salió corriendo detrás de ellos, gritando y llorando:
—¿Por qué se llevan a mi hija? ¡Suéltenla! ¡Les ordeno que la suelten!
Los oficiales detuvieron a Elena y le advirtieron con severidad:
—Obstruir la justicia es un delito. ¿Quiere empeorar las cosas?
Elena se asustó, y Román llegó para sostenerla.
Subieron a Olivia a la patrulla. Elena lloraba desconsolada, casi sin aliento.
Amanda soltó una risa fría y guardó silencio.
Antes de saber la verdad sobre su ceguera, Amanda nunca pensó en rebelarse, incluso cuando toda la familia la humillaba y Olivia la incriminaba una y otra vez. En su corazón, siempre los había considerado su familia más cercana.
Pero sus concesiones no le ganaron ni una pizca de bondad; al contrario, solo sirvieron para que la lastimaran con más saña.
Todos sabían que las córneas de Olivia eran suyas; solo ella había vivido en la ignorancia, tratada como una estúpida.
Era una persona, de carne y hueso. También sentía dolor.
La última pizca de compasión desapareció de sus ojos. Amanda miró a Elena con frialdad.
—Esto se llama cosechar lo que sembraron. Eligieron su camino, ahora tengan el valor de aceptar el resultado.
Román ayudó a Elena a levantarse y, tras comprobar que estaba bien, le dijo a Amanda con odio:
—Amanda, no tendrás un buen final.

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