Entrar Via

Ciega por tu Mentira romance Capítulo 207

No fue hasta que Amanda entró en el elevador que la mirada sombría del hombre se retiró lentamente.

A su lado, Hugo dijo en voz baja:

—Señor, la señorita Zúñiga también ha venido a Clarosol. Pero, ese hombre que entró con ella al elevador, no recuerdo haberlo visto antes.

Al escucharlo, Mauro frunció el ceño instintivamente y su mirada se oscureció aún más:

—Investígalo.

—Entendido, pondré a alguien en ello ahora mismo —respondió Hugo—. Pero, la cita con el doctor Brook está por comenzar, ¿no deberíamos irnos ya?

Mauro volvió a mirar en la dirección por donde se había ido Amanda; sus puños apretados crujieron, como si toda su frustración estuviera a punto de estallar.

Pero al final, no hizo nada.

—Vámonos.

Brook era el médico de cabecera de Mauro; desde que le diagnosticaron aquella extraña enfermedad, él había estado a cargo de todo.

Mauro se hizo todos los estudios. Brook, con los resultados en mano, guardó silencio, sin saber cómo empezar.

Por la expresión del médico, Mauro adivinó más o menos su situación. Se enderezó y dijo con frialdad:

—Dímelo directamente.

Brook dudó unos segundos y dijo con seriedad:

—Señor, su situación actual no es muy optimista. Si es posible, me gustaría que se hospitalizara para recibir tratamiento.

Mauro conocía su cuerpo mejor que nadie; sentía claramente que su estado había empeorado mucho últimamente. Aquella vez, después de llevar a Amanda al hospital, sufrió una crisis y ni siquiera tuvo tiempo de ver si ella estaba bien.

En el rostro pálido de Mauro casi no se veía sangre, y su temperatura corporal estaba muy por debajo de lo normal; se sentía como un monstruo.

Sacó un cigarro y lo sostuvo entre los dedos:

—Si me hospitalizo, ¿cuánto tiempo más podré vivir?

Brook fue honesto:

—Podría prolongar su vida seis meses como máximo.

Apenas terminó de hablar, Mauro partió el cigarro que tenía en la mano; frunció el entrecejo y su semblante se oscureció aún más.

En el fondo, Mauro no tenía miedo a morir; simplemente no se resignaba, no se resignaba a tener ese final con Amanda.

Hugo seguía lloriqueando, así que Mauro le aventó unos pañuelos.

Hugo se secó las lágrimas, se sonó la nariz y, con voz aún entrecortada, dijo:

—Señor, ya averigüé la identidad del hombre que subió al elevador con la señorita Zúñiga. Es el fundador de Capital Aurelio.

Mauro había oído hablar de él. Antes había trabajado como analista en una de las principales financieras del país y, tras dejar esa empresa, fundó la suya propia, ganando mucha fama en Clarosol.

—¿Qué tal es su carácter? —preguntó Mauro.

—Elías es una buena persona —dijo Hugo—. Hasta ahora solo ha tenido una novia y terminaron hace dos años. No tiene vicios, es positivo y muy ambicioso. Últimamente ha estado ocupado intentando sacar su empresa a bolsa, pero parece que no tuvo éxito; la bolsa de valores rechazó su documentación.

Mauro hizo una leve pausa al caminar. La colilla del cigarro le quemó la yema del dedo, y el dolor lo trajo de vuelta a la realidad:

—Apenas es digno de ella.

Hugo sintió un dolor en el pecho al escucharlo.

Admitir que otro hombre hacía buena pareja con la mujer que amaba... ¿no era eso clavarse un cuchillo en el propio corazón?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ciega por tu Mentira