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Ciega por tu Mentira romance Capítulo 92

Su rostro denotaba pura impaciencia, especialmente al ver a David.

Sin embargo, David no se molestó. Sabía que le había fallado en el pasado y sentía que merecía cualquier desprecio que ella le lanzara.

Decidió no insistir por el momento.

—Amanda, no voy a renunciar a ti. La razón por la que vine hoy fue para verte. El hecho de que me dirijas la palabra ya es suficiente para mí. Voy a reconquistarte, te demostraré mi sinceridad.

¿Cómo no se había dado cuenta antes de que David podía ser tan patético?

Resignada, Amanda decidió buscar a Verónica para que le explicara qué demonios estaba pasando.

Dio una vuelta y no encontró a Verónica, pero sí a Ginés.

Lo agarró del brazo.

—Ginés, esta fiesta es para Verónica, ¿verdad? ¿Entonces por qué dejaron entrar a cualquier pelagatos?

Ginés soltó una risa nerviosa.

Verónica había sugerido invitar a los solteros más codiciados de Silvania, y como Ginés tenía muchos amigos, imprimió invitaciones de más.

Su lógica fue: tirar la red a ver qué pez gordo caía; seguro algo bueno saldría. Lo que no previó fue que algunos revendieran las invitaciones a precios exorbitantes.

Así fue como la "basura" se coló en la fiesta. Ginés acababa de enterarse. Admitía que fue un descuido suyo.

—Amanda, te voy a decir la verdad, pero no te enojes.

Amanda arqueó una ceja, indicándole que continuara.

Tras escuchar la explicación de Ginés, Amanda se quedó en silencio.

Si hubiera gritado o hecho un berrinche, Ginés lo habría entendido, pero ese silencio lo puso nervioso.

Después de un rato, ella preguntó:

—¿Tengo cara de masoquista? ¿O parezco tan poca cosa como para no poder superar el trauma que me dejó Lucas?

Ginés negó con la cabeza.

—No, es que... bueno, olvídalo. Admito que nos preocupamos de más.

Al ver a Ginés bajar la cabeza y bajar la voz, Amanda se sintió mal.

Fue al baño a retocarse el maquillaje. Se aplicó un poco de polvo y renovó el labial.

Justo cuando iba a salir, escuchó una voz familiar proveniente de uno de los cubículos. Era Olivia.

—¿Qué dijiste? ¿Que el padre biológico de Amanda es él? ¿Estás seguro de que no hay error?

—Bien, que esto no salga de aquí. No se lo digas a nadie. Te daré doscientos mil pesos más.

El corazón de Amanda dio un vuelco.

¿Su padre biológico?

¿Olivia había descubierto quién era su padre?

¿Acaso planeaba usar a su padre biológico para atacarla o vengarse de ella?

En ese momento, se escuchó el sonido de la cadena del inodoro. Amanda salió del baño a toda prisa.

Pero al salir, chocó accidentalmente contra un pecho firme.

El hombre la miró y, antes de que pudiera decir nada, Amanda se puso de puntillas, le tapó la boca con la mano y, rodeándole la cintura con el otro brazo, giró con él para ocultarse de la vista de Olivia.

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