C153-EL ÚLTIMO LATIDO.
Reginald Langley yacía en su cama; el cuarto privado del hospital estaba en penumbra, con el sonido constante del monitor cardiaco llenando el silencio. Sus párpados se abrieron con lentitud cuando escuchó la puerta abrirse.
Una mujer entró con paso tranquilo, llevando el uniforme impecable y una sonrisa que no transmitía calidez.
—¿Dónde está Helen? —preguntó Reginald, refiriéndose a su enfermera habitual.
—Está de permiso —respondió ella, cerrando la puerta sin prisa—. Yo seré quien cuide de usted… por última vez.
Reginald frunció el ceño, intentando incorporarse.
—¿Por última vez?
—Así es. —La mujer se acercó y, con una suavidad calculada, le acarició el cabello blanco. —El señor Maxwell no es de los que olvidan las cuentas pendientes… y hoy, se cobra una muy importante.
El cuerpo de Reginald se tensó y los pitidos del monitor comenzaron a acelerarse.
—¿Qué…? ¿Quién es usted? ¡¿Para qué la envió Grayson?!
Ella no respondió de inmediato; en cambio, caminó hasta la televisión, la encendió y buscó un canal específico.
—¿Le gusta ver las noticias del día, señor Langley? Le aseguro que las de hoy son particularmente… intensas.
Reginald tragó con dificultad, su pecho subiendo y bajando con más esfuerzo.
—Respóndame… ¿Quién es? ¿Qué quiere?
La mujer volvió a su lado, colocando el estetoscopio con la misma calma que una revisión rutinaria.
—Solo cumplo órdenes —dijo, y sus ojos no mostraban compasión.
La pantalla de la TV cambió abruptamente.
“Última hora: Escándalo en la alta sociedad”.
El titular se desplegó en letras mayúsculas: “Esposa de empresario hospitalizado aparece en video íntimo con su amante”.
El video comenzó sin filtros y Reginald vio a Mirabelle, su esposa, desnuda, enredada con un hombre mucho más joven en un departamento que él conocía demasiado bien.
—No… —musitó mientras intentaba levantarse, y el monitor emitió un pitido más rápido y descontrolado.
Colgó y guardó el teléfono.
Se volvió hacia la televisión, donde el video de Mirabelle aún seguía reproduciéndose, y lo apagó con un solo clic. Abrió las persianas de golpe, dejando que la luz cruda de la mañana inundara la estancia.
Luego salió con pasos tranquilos, mientras el pitido continuo del monitor seguía resonando como único testigo de que Reginald Langley había muerto completamente solo.
En el departamento, Mirabelle terminaba de ajustarse los lentes negros y acomodando el pañuelo de seda que le cubría parte del rostro. La idea era sencilla: salir, mantener un perfil bajo y esquivar a la prensa que seguramente la esperaba. Había pasado la última hora borrando mensajes y bloqueando números, convencida de que si se mostraba en control, la tormenta pasaría.
Su bolso estaba sobre la cama cuando el teléfono sonó.
—¿Quién habla?
—Señora Langley, le llamamos del Hospital Saint Vincent… —La voz al otro lado hizo una pausa breve—. Su esposo acaba de fallecer hace unos minutos. El informe preliminar indica un infarto masivo.
Mirabelle sintió un vacío súbito en el estómago. La mano que sostenía el teléfono perdió fuerza y el aparato cayó al suelo con un golpe seco.
—No…
El zumbido de la línea quedó flotando desde el piso, mientras ella respiraba con dificultad, intentando procesar lo que acababa de escuchar. No hubo lágrimas inmediatas, solo un shock helado que le atravesó el cuerpo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
Faltan muchísimos capítulos...
que pasa entre los capitulos 330 y 419?...
Poor translation...