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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 180

C180- NOCHE DE ESTRELLAS.

La casa estaba en silencio cuando Kate cerró la ducha y dejó que el agua caliente resbalara por su piel. La luz tenue del baño creaba un ambiente íntimo, y el vapor empañaba el espejo frente a ella. Apenas alcanzó a recoger su cabello húmedo cuando la puerta se abrió con suavidad.

Grayson apareció, apoyado en el marco con una sonrisa ladeada. Sus ojos la recorrieron con descaro antes de empezar a desabotonar lentamente su camisa.

—Tienes que hacer silencio, no queremos que mi madre ni los niños se despierten —murmuró con un tono bajo y pícaro, mientras dejaba caer la prenda al suelo.

Kate se cubrió la boca para contener la risa, aunque sus ojos brillaban de diversión.

—¿Y si grito a propósito? —lo provocó, inclinando apenas la cabeza.

Él dejó sus pantalones a un lado y se acercó sin apartar la mirada. Cuando la sujetó de la cintura, la atrajo contra su cuerpo, y ella no dudó en rodear su cuello con los brazos.

—No te atreverías… —susurró, acercando sus labios a los de ella.

Kate deslizó una mano por la nuca de Grayson, acercándolo aún más, y lo miró con esa mezcla de ternura y deseo que siempre lograba desarmarlo.

—Tal vez sí… —respondió en voz baja, justo antes de besarlo con hambre, como si la risa y el deseo fueran parte de la misma corriente que los arrastraba.

En cuestión de segundos, el vapor del baño se enroscó alrededor de ellos, mezclándose con el sonido de la respiración agitada de Kate y los gruñidos bajos y guturales de Grayson. Él no la soltó cuando la giró contra la pared, y sus manos, grandes y callosas, le marcaron las caderas con fuerza mientras la empujaba sin contemplaciones con su cuerpo musculoso, aprisionándola contra el azulejo frío.

—¿Te gusta jugar con fuego, Kate? —le susurró al oído, mordiendo el lóbulo antes de deslizar una mano hacia sus pechos, apretando un pezón entre los dedos con suficiente presión para hacerla arquearse—. Pues ahora vas a arder.

Ella apenas tuvo tiempo de tragar saliva antes de que su boca descendiera sobre su cuello, chupando y mordiendo como si quisiera dejar marcas que duraran días. Mientras, su otra mano bajó hasta su sexo, encontrándolo ya empapado, los dedos resbalando fácilmente entre sus labios antes de hundir dos dentro de ella con un movimiento brusco.

—Joder, estás muy húmeda —masculló, frotando su palma contra su clítoris con movimientos circulares, ásperos, mientras sus dedos la penetraban con empujes cortos y precisos—. ¿Cuánto llevas deseando esto? ¿Querías que viniera aquí y tomara tu coño?

Kate ahogó un gemido contra su propio brazo, pero Grayson no le dio tregua. Retiró los dedos solo para llevárselos a la boca, chupando sus fluidos con un gruñido de aprobación antes de agarrarla por las caderas y girarla de nuevo.

—Apoya las palmas en la pared —ordenó—. Ahora.

Ella obedeció, apoyó las palmas, y sus nalgas quedaron levantadas hacia él, expuestas. Y Grayson no perdió tiempo. Una mano se cerró en su pelo, tirando hacia atrás para arquear su espalda, mientras la otra le abría las nalgas con descaro, su pulgar rozando la entrada de su culo con una presión que hizo que Kate contuviera la respiración.

—Relájate —murmuró, escupiendo en sus dedos antes de presionar ese pequeño círculo de músculo, penetrándola lentamente mientras su otra mano seguía tirando de su pelo—. Así… Joder, qué apretada estás…

Kate gimió, porque la sensación de tenerlo allí, en ese lugar prohibido, mientras su sexo palpitaba de necesidad, era casi demasiado. Pero Grayson no iba a dejarla escapar, y con un movimiento fluido, alineó su polla —gruesa, palpitante, ya brillante por sus propios fluidos— y se la hundió de una embestida hasta el fondo.

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