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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 165

C165 - ¡MENTIROSO!

En el hospital, Kate recibía atención médica y Eleonora y Aisling permanecían a su lado, mientras una enfermera le revisaba el vientre, asegurándose de que el bebé estuviera bien, y otra le tomaba la presión. Su rostro estaba pálido, la mirada perdida, aunque intentaba mantener la calma.

Entonces, una voz infantil rompió el aire.

—¡Mamá!

Oliver venía en brazos del hombre que lo había rescatado, pero forcejeó con fuerza hasta que él lo dejó en el suelo. Corrió por el pasillo con el rostro empapado de lágrimas, y en un segundo se aferró a la cintura de Kate como si temiera que ella desapareciera.

Kate lo abrazó, recorriéndolo de arriba abajo, tocando su rostro, sus brazos, su espalda, asegurándose de que estuviera entero.

—¿Estás bien? ¿Te hicieron algo?

Oliver negó, pero bajó la mirada.

—Ella me ayudó, mamá…

Kate frunció el ceño, confundida.

—¿Te ayudó? ¿Quién?

—La tía Katerina… Ella me llevó del hospital, pero luego me ayudó… ¡Y esos hombres malos la lastimaron!

La voz le temblaba, y las lágrimas comenzaron a caerle otra vez. Se abrazó a Kate con fuerza, buscando refugio en su calor. Pero Kate aún no asimilaba, así que lo apartó apenas para mirarlo a los ojos.

—¿Dijiste… Katerina?

Oliver asintió, con el rostro todavía húmedo.

—Sí… Se parece a ti… Dijo que era tu hermana.

El corazón de Kate dio un vuelco tan fuerte que le cortó la respiración.

—Dios… —susurró, sintiendo que el mundo se tambaleaba a su alrededor.

El hombre que había traído a Oliver dio un paso al frente, pero antes de poder hablar, uno de sus subalternos llegó corriendo.

—Señor… Tenemos noticias… —hizo una pausa, como si las palabras pesaran demasiado—. El auto donde iban… cayó al mar. Ya estamos con la búsqueda.

Oliver se apartó bruscamente de su madre y giró hacia el hombre que lo había rescatado.

Nadie dijo una palabra.

Los demás seguían buscando, sumergiéndose una y otra vez en medio de la corriente fría. El tiempo parecía alargarse, y la frustración crecía en cada rostro.

—Nada… seguimos sin señales —informó un buzo al salir, quitándose la máscara para tomar aire.

Entonces, un grito rompió la comunicación de radio.

—¡Aquí! ¡Lo encontré! ¡Necesito apoyo!

Las linternas subacuáticas convergieron en un mismo punto. Dos buzos trabajaban juntos, moviendo restos metálicos y algas que se habían acumulado en una grieta de roca. Allí, medio oculto, estaba Grayson. El cuerpo yacía sobre una formación rocosa, como si la corriente lo hubiera empujado.

Estaba inconsciente, con la piel pálida y los labios amoratados, pero respiraba débilmente. Uno de los buzos lo sujetó mientras el otro aseguraba el arnés para izarlo.

—¡Está vivo! —gritó uno, y la noticia se propagó como un latigazo por todo el equipo.

Las cuerdas comenzaron a tensarse y, entre varios, lo subieron a la lancha, donde un paramédico ya lo esperaba con mantas térmicas y oxígeno. El agua le goteaba del cabello mientras su pecho subía y bajaba con dificultad…

Pero vivo.

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