C179- TU ÚNICO ENTRENADOR.
La cabaña estaba situada en una ladera rodeada de nieve, con grandes ventanales de cristal que dejaban entrar la luz blanca del invierno islandés. Desde el interior se podía ver el paisaje abierto, montañas recubiertas de hielo y un cielo que parecía hecho de nubes bajas y espesas. El calor de la chimenea mantenía todo el lugar acogedor, y el olor a madera quemada se mezclaba con el aroma dulce del chocolate caliente que Eleonora había preparado para Oliver.
Afuera, una pequeña terraza se cubría con capas de nieve, y en el horizonte se podía distinguir un grupo de pinos inclinados por el viento y Oliver, emocionado, había salido con su abuela a moldear bolas de nieve, mientras Eleonora sostenía a la pequeña Olivia en brazos, envolviéndola con un abrigo mullido y cantándole en voz baja. El sonido de las risas del niño y la voz cariñosa de su abuela entraban de tanto en tanto por las ventanas abiertas, era el lugar perfecto para desconectarse del mundo, aunque Grayson sabía que lo que Angelo le había contado lo perseguiría incluso en ese rincón apartado.
Eleonora había insistido en quedarse con los niños esa mañana y Kate y Grayson aprovecharon para cambiarse y salir a esquiar, ella se estaba ajustando la chaqueta, forcejeando con la cremallera que parecía no querer subir, mientras Grayson peleaba con sus guantes de esquí.
—Genial… ahora esto se atascó —murmuró Kate entre dientes, estirando el cierre con poca paciencia.
Fue entonces cuando escuchó una voz masculina a su lado.
—Déjame ayudarte.
Se giró y encontró a un joven instructor de esquí. Era alto, con sonrisa fácil y ojos claros que irradiaban simpatía. Kate, con un gesto divertido, le permitió acercarse. Él sujetó la chaqueta con destreza y deslizó la cremallera hacia arriba.
—El truco está en mantener la tela tensa —explicó mientras lo hacía con naturalidad—. Así no se queda enganchada.
Kate lo miró atenta y asintió.
—Vaya, parece sencillo cuando lo haces tú.
—¿Es tu primera vez en la nieve? —preguntó él con una sonrisa amplia.
—En esquiar sí, completamente.
—Entonces debes tener cuidado, si no tienes experiencia, las caídas pueden ser algo duras —advirtió, todavía cerca de ella.
En ese momento, Grayson levantó la vista, que había estado atendiendo una llamada, pero su ceño se frunció al ver al joven demasiado próximo a Kate, ajustándole la chaqueta como si fueran viejos conocidos. En un segundo dejó lo que estaba haciendo y caminó hacia ellos.
—¿Pasa algo aquí? —preguntó con un tono tan bajo como filoso.
Kate le lanzó una mirada de reproche.
—Es el instructor, Grayson, me estaba ayudando.
Pero él no parecía convencido.
—Ya veo. Muy servicial, ¿eh?
Kate abrió la boca para responder, pero entonces sonó el teléfono de Grayson y esta vez era Angelo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
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