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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 742

—¿Ya se fue? ¿Qué quieres decir con eso? —Tomás quedó petrificado.

Carlos tomó aire y respondió con seriedad:

—Se fue a Ficus a pasar las fiestas. —Sin darle tiempo a Tomás para reaccionar, añadió de inmediato—: Ya no hace falta que vengas aquí todos los días. Celia ya no está, así que no tienes por qué seguir vigilando la casa.

Dicho eso, entró en casa y cerró la puerta. Tomás se quedó de pie en el patio, atónito. Al final, soltó un grito lleno de frustración:

—¡Mierda! ¿Por qué no me lo dijiste antes?

Entonces, ¿para qué demonios había llevado a la doctora…?

La mujer, a su lado, no dijo nada. Él la guio de vuelta al auto y, de repente, se volvió hacia ella.

—Oye, ¿recuerdas a ese chico? ¿Lo viste antes en alguna parte? ¿Te resulta conocido?

Ella negó con la cabeza.

—Está bien, entonces nos vamos. Quería presentarte a Celia, pero ya no se va a poder —murmuró Tomás y arrancó el auto.

***

Mientras tanto, César se encontraba en el vestidor eligiendo minuciosamente la ropa y el reloj que usaría esa noche. De repente, su celular comenzó a sonar. Tomó un alfiler de corbata y lo probó sobre el cuello de la chaqueta mientras contestaba la llamada.

—¿Qué pasa?

—Es del hospital, jefe. Su madre acaba de despertar.

César se detuvo por un instante y luego dejó de un lado el alfiler.

—Voy para allá.

***

Los médicos se retiraron de la habitación y, justo en ese momento, entró César. Marta lo divisó de inmediato. Intentó articular alguna palabra, pero le resultó imposible. Movía los dedos de forma desesperada mientras un sonido ronco y distorsionado escapaba de su garganta.

Víctor se sentó a su lado y le tomó la mano con firmeza. Por primera vez en mucho tiempo, en su mirada se reflejaba una preocupación genuina por ella, acompañada de un evidente atisbo de culpa.

—¿Quieres decir algo? No te presiones. Te vamos a esperar el tiempo que haga falta.

Marta lo observó, sumamente sorprendida por su actitud. Sandra, al percatarse de la escena, se inclinó hacia Marta y murmuró para consolarla:

—Así es. No te apresures. Primero concéntrate en recuperar tus fuerzas y después hablamos con calma.

Luego se incorporó, se acercó a César y le susurró al oído:

—Acaba de reaccionar. Ten mucho cuidado con lo que dices y no la vayas a hacer enojar, ¿de acuerdo?

César no emitió réplica alguna. Se limitó a asentir ligeramente con la cabeza. Los miembros de la familia Morales salieron de la habitación, dejando a los Herrera completamente a solas. César avanzó hacia el sillón. Víctor se levantó de inmediato y se lo cedió.

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