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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 746

—Tú… —Sentía su garganta seca—. ¿Te has vuelto loco? ¿Por qué me dices eso?

César no apartaba la mirada de ella a través de la pantalla.

—No vuelvas a esquivarme. Si no…

—¿Si no, qué?

—Compro un boleto de avión para Ficus ahora mismo.

Y Celia sabía perfectamente que él era capaz de hacerlo. Se quedó sin palabras por un instante y se apresuró a impedirlo.

—¡No! —exclamó.

César se incorporó lentamente en la cama, dejó el celular a un lado, se levantó y comenzó a vestirse con tranquilidad.

—Entonces respóndeme con seriedad.

Ese tono… sí que era el de antes… Celia apretó los dientes y tomó aire profundamente.

—César, ahora soy yo quien decide sobre nosotros. ¿Crees que puedes empezar y terminar las cosas cuando se te da la gana? ¿Con qué derecho? Mira, tengo un as bajo la manga, así que no me vengas a amenazar.

Desconcertado, volvió a tomar el celular y la miró.

—¿Un as bajo la manga?

—Un arma secreta —dijo ella con una sonrisa astuta.

César entrecerró los ojos.

—¿Qué clase de arma?

—Adivina. Tengo que irme.

En eso, ella cortó la videollamada. Justo en ese momento, llamaron a la puerta de su habitación. Dejó el celular sobre la cama y fue a abrir. Ben estaba del otro lado y le entregó un paquete.

Ya estoy viejo y me quedan pocos años de vida, pero mi mayor orgullo siempre será haberte tenido como alumna. Verte progresar me alegra más que cualquier otra cosa. Hagas lo que hagas, jamás te guardaré rencor. Tú nunca le has decepcionado a nadie. Haz lo que dicte tu voluntad".

Al llegar al final, Celia apretó los labios, que le temblaban por la emoción. Sintió cómo se le humedecían los ojos. Dobló la carta con sumo cuidado y la guardó de nuevo en el sobre. Tomó su celular con la intención de escribirle a su maestro, pero borró y reescribió el mensaje varias veces sin éxito. Al final, no logró dar con las palabras adecuadas. Pensó que lo mejor sería ir a verlo en persona.

***

Mientras tanto, en la capital, Olivia llevaba apenas un corto periodo de tiempo instalada en la residencia de ancianos cuando Lola fue a visitarla. Era la primera vez en muchísimos años que tenía a su madre frente a frente.

La residencia no se encontraba completamente incomunicada, pero sí estaba en una zona muy remota, alejada del bullicio de la ciudad y con un acceso a transporte público bastante limitado. La gran mayoría de los residentes eran ancianos de bajos recursos o personas que habían sido abandonadas por sus familias. Solo unos cuantos podían valerse por sí mismos.

Una de las enfermeras del lugar guio a Lola hasta la habitación de Olivia, ubicada en el tercer piso.

—Aquí es —indicó, señalando la puerta con amabilidad.

—Muchas gracias —respondió Lola y giró la perilla para entrar.

La habitación resultó ser un espacio bastante sencillo, pero no estaba en tan malas condiciones como se había imaginado en un principio.

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