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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 761

Celia se limpió la comisura de los labios con la servilleta, tomó su bolso y se levantó. Salma la esperaba cerca de allí. Con solo estar de pie cerca de una pared, ya llamaba la atención de todos a su alrededor. Celia cruzó el paso peatonal y la saludó con la mano. Salma guardó su celular y se acercó.

—La otra vez no pude ir a buscarte por el trabajo. Lo lamento.

—No te preocupes. El trabajo es lo primero —dijo Celia, caminando a su lado—. Hoy vas a tener entrevistas, ¿cierto?

Salma asintió con la cabeza. Ya había visitado cinco estudios, el de ese día sería el sexto. Celia notó su desánimo e intentó consolarla.

—Tranquila, al principio siempre es así. Nadie empieza con buena suerte.

—Sí, tienes razón. Supongo que tengo demasiada prisa —dijo Salma, intentando ser optimista.

Celia la acompañó a dos entrevistas más, pero ninguna funcionó. En una le pedían experiencia y en la otra daban prioridad a los artistas que ya habían vendido obras a precios elevados. Salma se sentó en una jardinera cerca de la plaza. Celia fue a comprar dos helados y le ofreció uno.

—Gracias —dijo Salma, tomándolo—. Hoy te hice perder el tiempo y, para colmo, estás embarazada. Me siento mal.

—No pasa nada. Todavía puedo caminar —dijo Celia entre risas—. Cuando llegue a los cinco o seis meses, la situación será diferente.

Salma bajó la mirada. Con tantos fracasos, empezaba a perder la confianza en sí misma.

—¿Crees que debería cambiar de profesión?

Celia la miró.

—¿Quieres cambiarla?

Salma no supo qué responder. Celia la observó, pensativa.

En los días siguientes, Salma comenzó a hacer transmisiones en vivo. Celia, desde el comienzo, se convirtió en su primera seguidora.

Al principio casi no tenía audiencia. Pero en cuanto Salma apareció en la pantalla, la gente comenzó a llegar, atraída por su belleza.

Salma, nerviosa, apenas miraba los comentarios. Apretaba el pincel con fuerza. Al final, recordó lo que había planeado: saludó con timidez y le pidió a un espectador que propusiera un tema para pintar. La curiosidad atrajo a más gente; algunos querían ver de qué era capaz.

De pronto, alguien envió un regalo de seis mil dólares. La condición era pintar una copia de una obra famosa. Si salía bien, recibiría más regalos; si no, tendría que devolver el dinero.

El comentario causó un gran revuelo en el chat. Celia investigó al usuario desde su computadora. Era una cuenta nueva. Solo mostraba que también estaba en Montelva. Era evidente que solo quería provocar.

Celia no podía imaginar que esa cuenta pertenecía a Soren. A su lado, Ben probaba un café de especialidad sin decir una sola palabra. Su silencio era un permiso tácito para el comentario de Soren. O quizás la idea había sido suya desde el principio.

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