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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 809

Lía dejó escapar una risa amarga. Con los ojos enrojecidos, se secó las lágrimas con el dorso de la mano, temiendo que Alexander pudiera descubrir su fragilidad. Abrió WhatsApp, buscó el chat de Nicolás y lo bloqueó. Acto seguido, con determinación, redactó una breve publicación en sus redes sociales.

"A partir de hoy, ¡me dedico a arrancarme de raíz la espina que traía clavada en el corazón!"

Instantes después, el celular comenzó a vibrar. En la pantalla destellaba la llamada entrante de su madre, Sandra.

—¡Mira las cosas que publica tu hija! —comentó Sandra mirando la pantalla del celular de la empleada doméstica, revisando atónita la red social de Lía—. ¡Y nos tiene bloqueados para que no veamos la mayoría de sus fotos!

A Lía le gustaba publicar fotos en las redes sociales. Jamás se había tomado la molestia de borrar sus publicaciones, pero sí solía restringir el acceso a sus padres para evitar reclamos. Sin duda alguna, esta vez se le había pasado configurar la privacidad. La empleada no tuvo de otra que confesarle a Sandra la verdad.

Fernán, padre de Lía, suspiró con impotencia.

—Los hijos van creciendo y terminan guardando sus propios secretos, es de lo más normal —respondió.

—¿Acaso salir de fiesta todas las noches te parece normal? —replicó Sandra, conteniendo a duras penas el enojo—. Ahora ni siquiera se digna a dormir en esta casa. El día que regrese embarazada, ¡le rompo las piernas yo misma!

—Tranquilízate un poco. —Fernán intentó calmarla—. Nuestra hija es una muchacha sensata y sabe perfectamente lo que hace.

—El problema es que siempre la consientes demasiado.

Dos horas más tarde, Lía cruzó el umbral de la casa cargando su equipaje. Al verla con el cabello tan corto, la empleada doméstica tardó unos segundos en reconocerla.

—Señorita, ¿de verdad es usted? ¿Qué le pasó en el cabello?

—¿Qué tal se ve? —preguntó Lía, dando una vuelta coqueta sobre sus talones. Parecía bastante feliz.

—La verdad es que le favorece muchísimo. Su cara se ve mucho más fina y elegante —comentó la empleada doméstica sonriendo.

Lía esbozó una amplia sonrisa de satisfacción y, al divisar a su padre bajando por la escalinata principal, corrió hacia él y lo saludó con entusiasmo:

—¡Papá!

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