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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 810

Pasaron tres meses en un abrir y cerrar de ojos.

El instituto de investigación publicó un artículo científico sobre un novedoso procedimiento quirúrgico para el tratamiento del Alzheimer: la reconstrucción del drenaje linfático cerebral. La noticia generó de inmediato un enorme revuelo dentro del campo de la neurociencia a nivel internacional.

En cuanto se dio a conocer que la líder indiscutible del proyecto era una joven investigadora, todas las miradas y los reflectores de la comunidad médica se cayeron sobre Celia. Nadie esperaba que una ex neurocirujana hubiera sido capaz de llegar tan lejos en tan poco tiempo.

Los cientos de artículos y reportes que Celia y Michelle habían redactado juntas fueron registrados formalmente por el instituto. Mediante el uso de modelos animales, lograron validar el mecanismo de eliminación de la proteína beta-amiloide gracias a la reconstrucción del drenaje linfático. Asimismo, determinaron la posición y el tamaño óptimos para la intervención quirúrgica, sentando una base sumamente sólida para los próximos ensayos clínicos en seres humanos. La viabilidad de este novedoso procedimiento fue reconocida por numerosos expertos de renombre mundial.

Gracias a este hito, la reputación de Celia se disparó por los cielos. Universidades de diversos países comenzaron a disputársela con tentadoras ofertas académicas. Aunque al doctor Adler le habría encantado que se quedara de forma permanente, estaba consciente de que el talento de Celia no podía limitarse a un solo lugar.

Al enterarse de que Celia estaba organizando todo para regresar a su país, Michelle no pudo evitar sentir una profunda nostalgia. A pesar de que solo habían trabajado juntas durante un par de meses, ambas habían logrado compenetrarse y entenderse a la perfección.

—Tengo miedo de que esta sea la última vez que nos veamos en la vida.

—Por supuesto que no —respondió Celia sonriendo mientras metía en su bolso la botella que estaba sobre su escritorio—. Recuerda que las puertas de mi casa siempre van a estar abiertas para ti.

Michelle la envolvió en un abrazo cariñoso. Cuando la soltó, le dijo, sonriendo:

—Espero tener la oportunidad de visitar tu país algún día.

—Estoy segura de que así será.

Al cruzar las puertas del instituto, Celia divisó a César esperándola pacientemente. En esos días, su abdomen había comenzado a abultarse de forma evidente. Para protegerla, César iba a recogerla todos los días. Él estaba recargado contra la carrocería del auto. Al verla salir, caminó de inmediato a su encuentro, le quitó el bolso de los hombros y la tomó suavemente por la cintura para sostenerla.

—¿Salió todo bien? ¿Terminaste más temprano hoy? —preguntó él con un evidente tono de preocupación.

—Sí, por fin acabé de ordenar todos los datos. De ahora en adelante me voy a tomar unas largas y merecidas vacaciones —comentó Celia, acariciándose el vientre con ternura, antes de quejarse mientras lo miraba—. Por cierto, tus hijos no me han dejado pegar un ojo en las noches. Vas a ver que, cuando nazcan, te va a tocar cuidarlos a ti solito.

César sonrió con infinita dulzura y le abrió la puerta del auto con delicadeza.

—Trato hecho. En cuanto nazcan, me encargaré personalmente de educarlos como es debido.

Una vez que ella se acomodó en el asiento del copiloto, él se puso al volante.

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