El rostro de Tatiana estaba tan retorcido por la rabia que parecía que iba a explotar en cualquier momento.
—¡No creas que por hablar así voy a sentir lástima por ti! Joana, te lo advertí, ¡lo que es mío no te lo voy a dejar tan fácil!
Joana sonrió con desdén.
—¿Y ahora qué? Ya me voy a divorciar. ¿Eso que tanto presumes no va a regresar solito a tu lado? Tatiana, ¿de verdad eres tan poca cosa?
Tatiana, fuera de sí, levantó la mano como si fuera a abofetearla.
En ese instante, al ver que alguien se acercaba, cambió el rumbo de su mano y se abofeteó ella misma.
Cayó al suelo, cubriéndose la mejilla con los ojos a punto de soltar lágrimas.
—Joana, sé que sigues enojada por lo que pasó antes, pero ya tienes a Fabián, ¿por qué sigues persiguiéndome? Si todavía no te calmas, pégame otra vez, yo te pido perdón.
Dicho esto, Tatiana tomó la mano de Joana e intentó forzarla para que la golpeara de nuevo.
...
—¿Qué están haciendo?
La voz de Fabián, tan cortante como un cuchillo, resonó de repente.
Joana, al oírlo, supo de inmediato que Tatiana ya había empezado su show.
Tatiana seguía aferrada a la muñeca de Joana, pegándose en la cara como si estuvieran en medio de una pelea.
—¿Así de suave crees que me voy a calmar? —dijo Joana, con frialdad.
Y entonces, sin dudarlo, le soltó una bofetada tremenda.
—¡Paf!
El golpe resonó en el aire. Tatiana quedó en shock, temblando de pies a cabeza. La cara le ardía como si le hubieran puesto una plancha caliente. Hasta el labio se le partió y empezó a sangrar.
Ni siquiera podía creerlo.
¿Cómo se atrevía Joana?
¡Joana, esa inútil, no debería estar llorando y pidiendo perdón delante de Fabián después de que la malinterpretaran!
¡¿Cómo se atrevía a levantarle la mano?!
Fabián se quedó tieso, con la cara oscura de coraje. Eso era justo lo que iba a decir.
—Joana, ¡no te pases de lista!
—¿Otra vez con lo mismo? Ya me tienes harta. ¿Qué es eso de "no te pases de lista"? ¿Qué he conseguido yo? ¿Verlos juntos en la cama? ¿Que mis hijos me traicionen? Vaya suerte la mía.
Fabián, con la frente marcada por la tensión, aflojó la fuerza con la que le sujetaba la muñeca.
—Ya te he explicado todo un millón de veces.
—Pues ni te molestes, no me interesa escuchar ni una sola palabra más —le espetó Joana, zafándose de su agarre—. Nos vemos mañana en el ayuntamiento.
Fabián no dijo nada.
En su cabeza, tenía claro que, para no levantar sospechas, esa noche la persona que había contratado borraría el video de Joana. No estaba dispuesto a aceptar el divorcio.
Tatiana, al ver que Fabián seguía sin responder al tema del divorcio, sintió que se le venía el mundo encima.
¿Qué tenía esa mujer maldita para que Fabián se aferrara así? ¡Ni siquiera en ese momento pensaba soltarla!

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