Al mismo tiempo, Arturo miraba los documentos que Ezequiel le había enviado. En sus ojos apareció de pronto una expresión cortante.
Fue apretando el puño poco a poco.
—Parece que la lección anterior fue demasiado leve.
Arturo le mandó un mensaje a Ezequiel.
[Arturo]: Por ahora mantente a la expectativa, vamos a ver cómo se desarrolla todo. Además, no le muestres todavía a Joana el video de la fábrica.
[Ezequiel]: Entendido.
Ezequiel guardó su celular, comprendiendo a la perfección lo que pasaba por la mente de su jefe.
No era otra cosa que preocupación por el impacto que todo esto pudiera tener en la competencia de la señorita Joana.
Quién iba a pensar que la señora mayor todavía tenía tanta energía para causar líos.
Ni idea de por qué se empeñaba tanto en ponerle trabas a la señorita Joana.
Parecía sacado de novela: la típica mamá de la protagonista, lista para soltarle cinco millones a la mujer y apartarla del camino, obstaculizando a toda costa que estén juntos.
En la señora mayor, esto se notaba de sobra.
De verdad, uno no entendía qué era lo que no le gustaba.
Y es que ni con todo el dinero del mundo puedes comprar el cariño del jefe.
Además, la señorita Joana era una persona admirable por sí misma.
Ezequiel no pudo evitar suspirar, y volvió su atención a la pantalla, siguiendo la competencia de Joana.
El organizador, que no lograba descifrar el carácter de Ezequiel, intentó ganarse su favor:
—Ezequiel, ¿quieres que le demos más tiempo a la señorita Joana para terminar la prueba?
—No hace falta —respondió Ezequiel sin vacilar—. La señorita Joana ya dijo antes que no le gustaría retrasar la competencia. Si le das más tiempo, seguro que luego se queda con la espina.
—Tienes razón, se me fue el detalle —asintió el organizador, mirando la pantalla con admiración—. El temple de la señorita Joana supera al de la mayoría. Hasta ahora, sigue firme como si nada.
Ezequiel no respondió.
En el fondo, él también confiaba en que Joana iba a salir bien librada de esta.
...
Isidora incluso rompió en llanto de alegría.
Abrazó a Paulina con fuerza.
—¡Qué maravilla, Paulina! Yo sabía que Joana podía lograrlo.
—Esta competencia ha sido un reto enorme para ella —dijo Paulina, dándole unas palmaditas en la espalda a Isidora, conmovida.
Muy cerca, Enzo observaba la escena, sintiendo una punzada de celos.
¿Cuándo sería su turno de abrazar a Paulina sin preocuparse por el qué dirán?
Por ahora, estaba claro que no podía hacerlo.
Enzo apretó los puños, mirando cómo las dos amigas se abrazaban, con una mirada profunda y pensativa.
En ese momento, el presentador habló, justo a tiempo:
—Estimados jueces y público, la segunda ronda de la competencia ha concluido.
—Ahora, invitamos a los participantes a mostrar sus prendas. Los jueces y nuestros espectadores en línea tendrán la última palabra.

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