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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 752

Aparte de eso, él tampoco sabía cómo consolar a Catalina.

Al escuchar esto, el semblante de Catalina por fin se suavizó un poco.

Mirando la transmisión en vivo en la televisión, su voz sonó venenosa y cargada de rencor:

—Tienes razón, debo cuidar mi salud. Si no, ¿con qué fuerzas voy a seguir peleando con esa mujer? ¡No voy a permitir que se case con mi hijo delante de mis narices! ¡Arturo tiene que seguir mis planes, le guste o no!

No se sabe en qué pensó Catalina de repente, pero enseguida le mandó un mensaje a Héctor.

[Catalina]: ¿No dejaste ninguna prueba, verdad?

Pasó buen rato antes de que Héctor respondiera.

[Héctor]: Tranquila, hermana, yo siempre soy cuidadoso con esas cosas. Además, puse a alguien de mi entera confianza para encargarse de eso.

Al ver la respuesta de Héctor, Catalina por fin pudo respirar tranquila.

No estaba dispuesta a perderlo todo en esa jugada.

Si Arturo llegaba a tener pruebas en su contra, conociéndolo, seguro la empezaría a chantajear otra vez.

Sin embargo, por alguna razón, Catalina seguía sintiéndose inquieta.

[Catalina]: ¿Estás cien por ciento seguro de que nadie puede atar cabos?

[Héctor]: Obvio. Ándale, hermana, relájate, si algo hubiera salido mal, Arturo ya habría venido a buscarte. Él no es de los que pueden quedarse callados si sospechan de algo.

Catalina leyó el mensaje de Héctor y, tras pensarlo un poco, se convenció de que tenía razón.

Por fin pudo dejar de preocuparse.

No importaba lo que dijera Arturo, a esa mujer llamada Joana, no la iba a dejar entrar a la familia Zambrano así como así.

...

Por la noche.

Mesa Secreta.

Después de varias rondas de tragos.

Isidora, con las mejillas encendidas por el alcohol, revisaba las noticias en su celular.

En redes, la discusión estaba más encendida que nunca, ambos bandos lanzando comentarios sin parar.

De repente, Isidora se enderezó bruscamente en su asiento.

—¡Qué coraje, ¿qué le pasa a esta gente?! —protestó Isidora—. Seguro esos comentarios malos son de los fans comprados por Espacio Creativo Violeta.

Su reacción sacudió a todos los que estaban en el privado, que apenas comenzaban a despejarse de la borrachera.

Joana, que también había bebido un par de copas, tenía el rostro ligeramente sonrojado, y preguntó con desconcierto:

—Isidora, ¿qué te pasa ahora?

—¡Estos tipos lo hacen a propósito! —Isidora, con los ojos chispeando, tecleaba furiosa en su celular—. ¡Voy a darles batalla, a ver si se les ocurre algo nuevo y no repiten lo mismo de siempre!

Los demás, al oírla, no pudieron evitar negar con la cabeza y soltar una sonrisa.

Ya estaban más que acostumbrados a los arrebatos dramáticos de Isidora.

Isidora era el alma del estudio, la que siempre animaba el ambiente.

Paulina, con varias copas encima, ya tenía la mente un poco nublada.

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