La tienda transmite en vivo todos los días a ciertas horas.
Incluso hay clientes que vienen sólo para tomarse una foto.
—Alejandra, ¿ya llamaste al técnico para instalar las cámaras de seguridad en la tienda? —preguntó Joana, después de despedir a otro grupo de clientes.
Alejandra, que estaba colgando ropa, se dio una palmada en la frente.
—¡Rayos! Sí lo agendé, pero creo que puse la cita para mañana por error...
Joana resopló, sin molestarse.
—No pasa nada hoy, pero pon más atención la próxima vez, ¿sí?
Alejandra asintió, algo apenada.
...
Por la tarde, Joana tuvo que regresar un momento a la empresa.
Sabrina terminaba su último día de trabajo antes de iniciar su licencia de maternidad, y dejaría la dirección de la compañía a Ramiro durante su ausencia.
En la reunión, Sabrina lo anunció oficialmente:
—A partir de ahora, todos los asuntos de la empresa quedarán a cargo del señor Ramiro. Si tienen alguna duda, pueden ir con él; si de plano no puede solucionarlo, entonces me buscan a mí.
—Lo que diga la señorita Sabrina.
El que había hablado era un tipo de cabello corto, con chamarra de cuero y el porte de alguien que siempre está a la moda, muy diferente a la vibra seria de Sabrina.
Pero cuando la miraba, sus ojos se suavizaban por completo.
Ellos dos eran pareja, y Sabrina era tres años mayor.
Cuando empezaron a salir, hasta la misma Joana se quedó en shock.
Pero con los años, nunca hubo problemas serios entre ellos.
Joana, en el fondo, se alegraba de que Sabrina hubiera encontrado a alguien tan bueno.
Mientras ambos bromeaban, los empleados no pudieron evitar reírse.
El cambio de liderazgo no se sentía triste ni preocupante.
Aunque Ramiro rara vez iba a la empresa, los empleados de más tiempo ya lo conocían bien.
...
Además del tema de la salida de Sabrina, Joana recibió una noticia inesperada.
—Hay una clienta que pidió expresamente que tú le diseñes un vestido de novia. Será exclusivo para su boda, nada de vender después —le explicó Sabrina en privado.
—Sabes que no es mi fuerte... —admitió—. Para mí, el encanto de un vestido de novia está en el anhelo y la pureza del amor. Siempre me entrego por completo cuando diseño uno... pero ahora, no sé si sería capaz de plasmar esa emoción. No quiero decepcionar a nadie.
Sabrina notó su vacilación y suspiró con dulzura.
—No tienes que decidir ahorita. Lo hablo con la clienta y le pido unos días más, ¿va? Tú piénsalo con calma y luego me avisas.
Joana le agradeció con una sonrisa.
—Por cierto, te traje unos detallitos para ti y el bebé. No olvides llevártelos cuando salgas —le recordó Joana.
Sabrina se tocó el vientre, sonriendo.
—Eres un encanto, Joana. Este bebé llegó sin avisar, ni yo me lo esperaba. Ahora que Ramiro se queda a cargo, si ves que hace alguna tontería, me avisas en corto.
—¡Sí, jefa! —bromeó Joana, echándose a reír.
Sabía que Sabrina estaba bromeando, así que le siguió la corriente.
Después de despedirla, Joana regresó a su escritorio.
Para su sorpresa, encontró a una chica desconocida sentada en su lugar. Tenía una apariencia dulce y juvenil.
Joana frunció el ceño, intrigada.
—Disculpa, ¿tú quién eres?

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