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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 375

Fabián dejó ver una expresión de repulsión.

—Si de verdad quisiera morirse, no me estaría llamando otra vez.

Solo de pensar que esa mujer tan terca lo había manipulado una vez, Fabián sentía que la rabia le hervía por dentro.

Luego, giró la mirada hacia Tatiana, que estaba visiblemente afectada. La culpa lo invadió poco a poco.

—Perdóname, Tati. Todos estos años te he hecho pasar malos ratos.

Tatiana negó con la cabeza, forzando una sonrisa.

—No me siento mal, Fabián. Mientras esté contigo, me aguanto lo que sea. Lo que me preocupa es que esa mujer se entere de que perdiste la memoria y quiera aprovecharse de ti…

Mientras le apretaba la mano a Fabián, los ojos de Tatiana reflejaban pura angustia.

Fabián, conmovido por sus palabras, le respondió:

—No te preocupes. Así haya perdido la memoria, no volveré a dejar que una mujer como esa me vea la cara.

Al escuchar eso, Tatiana no pudo evitar maldecir por dentro.

¡¿Pero qué le costaba decir que se quería casar con ella?!

Al ver que Fabián no captaba la indirecta, Tatiana decidió ir a platicar con Renata después.

—Señora, me preocupaba que la llegada de Joana afectara a Fabián, así que le mentí.

Renata la miró con aprobación.

—Tatiana, hiciste muy bien. Joana nunca estuvo a la altura de nuestra familia Rivas para ser nuera. Si no fuera porque el abuelo lo pidió, jamás hubiera tenido oportunidad de entrar a esta casa.

Tatiana bajó la mirada, inquieta.

—Me preocupa que, si se llegan a ver y encima existe ese asunto del compromiso, todo se complique más.

—Tienes razón. Voy a platicar con tu suegro para ver si podemos alargar el tratamiento de Fabián —comentó Renata, pensativa.

Tatiana estuvo a punto de soltar una grosería.

¿De verdad eran tan ingenuos o solo se hacían?

¡Si ahora estaban en el extranjero, nada les impedía casarse!

Si lograba que Fabián se casara con ella, todo quedaría resuelto. Ya cuando él recuperara la memoria, se vería obligado a divorciarse de Joana por el tema de la bigamia.

Tatiana apenas sonrió.

...

Al día siguiente, Fabián reunió a Renata y Simón para darles la noticia.

—Le fallé a Tati todo este tiempo. Ahora que nuestra hija ya creció, lo mínimo que puedo hacer es darle una boda como se merece.

Fabián lo dijo con tal firmeza que no dejaba espacio para objeciones.

Simón no respondió. El silencio era su única reacción.

Renata, por su parte, se llevó la mano a la sien, frustrada, pero recordó las advertencias del médico.

—Papá, mamá, sé que ustedes tienen sus reservas con Tati, pero yo solo la amo a ella. Si me caso con otra persona, sería el principio de una desgracia.

Las palabras de Fabián dejaron a ambos aún más confundidos y serios.

No podían negar la verdad.

La vida de Fabián con Joana había sido, tal como él decía, un auténtico desastre.

Simón apretó los labios y soltó, seco:

—Haz lo que quieras.

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