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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 393

Joana encendió una vela en silencio por Carolina.

Arturo levantó la mirada y la observó.

—¿Qué pasa?

—Nada —Joana negó con la cabeza—. Gracias, señor Zambrano, por todo lo que ha hecho por mí.

—Te dije que ya no me dieras las gracias.

A Joana le vino a la mente lo que él le había dicho la vez pasada.

Decir gracias tantas veces también puede cansar.

Ella sonrió.

—Está bien, voy a intentarlo.

Esa noche, Joana preparó la cena para Arturo usando la cocina nueva.

El hombre comió con un gusto que pocas veces se veía.

Cuando Carolina regresó de la escuela, ni las sobras de la cena que le habían guardado quedaban.

Protestó a todo pulmón, pero no sirvió de nada.

A Joana le dio mucha risa.

...

Al día siguiente, Joana se preparó con anticipación.

Esta vez, no podía permitirse el mínimo descuido con la hora del concurso.

No hubo tráfico ni contratiempos como la vez anterior.

Al llegar al Grupo Zambrano, fue conducida directamente por un encargado hasta el lugar de la competencia.

El formato del concurso individual y el de empresas tenía ligeras diferencias en la manera de votar, pero en general eran bastante similares.

Lo principal era que el porcentaje del voto del público se había ajustado.

De un 20% que había sido el día anterior, ahora subía a un 50%.

El tema también era diferente.

“No ser definido por nadie.”

Sin embargo, la diferencia más grande era que la competencia individual no tenía tercera ronda.

Con solo pasar, ya se obtenía la colaboración con el Grupo Zambrano.

Al momento de elegir modelo, la mayoría ya tenía claro a quién quería.

Al final, una modelo de cabello corto y facciones llamativas se acercó a saludarla.

—Hola, ¿te gustaría que trabajemos juntas?

Mientras caminaban, Úrsula le fue explicando los detalles.

Joana se dio cuenta de que el presidente del que hablaba no era otro más que Arturo, y por primera vez sintió un poco de nervios.

¿Con qué actitud debía platicar con él?

No tardó mucho en abrirse la puerta de la sala de juntas.

El hombre que entró vestía un traje hecho a medida, hasta el último cabello peinado a la perfección.

Su cara era tan guapa que a cualquiera le quitaba el aliento.

Llevaba lentes con montura dorada, y aun así, se notaba distante. El aura de jefe que desprendía era tan fuerte que, si uno no tenía cuidado, se sentía completamente aplastado a su lado.

Joana nunca había visto ese lado de Arturo, el hombre de negocios.

Se quedó mirándolo un buen rato.

De pronto, se preguntó si debía actuar sorprendida.

Intentó hacer una cara de asombro, incluso se llevó la mano a la boca.

Pero luego pensó que quizá estaba exagerando y se veía como tonta.

Arturo se sentó justo frente a Joana, y con una media sonrisa, le soltó:

—Señorita Joana, felicidades.

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