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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 408

Lisandro, con el corazón en un puño, sujetó la manga de Fabián.

—¡Papá, lo único que haces es echarle leña al fuego!

Fabián se detuvo, sobresaltado.

—¿Qué acabas de decir?

Lisandro no tuvo más remedio que contarle todo lo que había pasado.

—Mamá solo quería que mi hermana se sintiera mejor, por eso subió con ella a la rueda de la fortuna. Además, Dafne casi se cae, ¡fue mamá quien la sostuvo con todas sus fuerzas! ¿Cómo puedes juzgarla sin saber? —Lisandro estaba tan angustiado que parecía a punto de llorar—. Dafne también es hija de mamá, ¿cómo crees que ella podría hacerle daño?

—¡Fabián!

Tatiana se acercó apresurada, aún con el susto reflejado en el rostro.

—Joana solo quería que Dafne saliera a divertirse un rato, no pasa nada. Mejor esperemos a que Dafne despierte y veamos cómo está antes de hacer suposiciones.

Fabián permaneció en silencio, sin apartar la mirada de las manos entrelazadas de Joana y Arturo.

Tatiana no sabía si Fabián había escuchado lo último que Lisandro le dijo, y esa incertidumbre la carcomía.

—Que no vuelva a repetirse.

Fabián soltó esas palabras con un tono seco, tomó la mano de Lisandro y se marchó.

—Joana, Fabián no anda bien de salud, será mejor que no digas cosas sin sentido delante de él —advirtió Tatiana, aunque por la presencia de Arturo, intentó no sonar tan amenazante.

Dicho esto, apurada, salió tras ellos.

Joana solo pudo suspirar, sintiéndose completamente incomprendida.

Pero en ese instante, la calidez que sentía en su mano la hizo sonrojarse. Sin pensarlo, soltó la mano de Arturo.

—Voy a ver cómo sigue Dafne.

Sin esperar respuesta, se metió al cuarto de hospital casi corriendo.

Arturo observó el rubor en las orejas de Joana y esbozó una media sonrisa.

...

En la escalera, Tatiana no logró alcanzar a Fabián.

La inquietud la había invadido por completo.

Las palabras previas de Joana la habían puesto nerviosa; sentía que ya no podría ocultarle la verdad a Fabián por mucho tiempo.

Además, los movimientos extraños últimamente en la empresa le pesaban en la cabeza. Todo le olía a que alguien estaba manipulando las cosas a sus espaldas.

Lisandro sintió que por fin veía una luz.

¡Al fin! ¡Papá estaba dispuesto a escucharlo!

...

En la habitación de hospital, Joana revisó a Dafne, que seguía inconsciente, y habló con la doctora para asegurarse de su estado.

Al enterarse de que la niña solo había perdido el sentido por el susto y que pronto despertaría, por fin se tranquilizó.

Estaba por salir cuando, de pronto, escuchó una voz suave desde la cama.

—Mamá...

Joana se giró.

Dafne seguía con los ojos cerrados, la cara arrugada de incomodidad.

Joana suspiró, se acercó y le acomodó la cobija, dándole unas palmaditas en el hombro.

Solo cuando vio que el ceño de Dafne se relajaba poco a poco, se animó a salir del cuarto.

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