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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 412

Esta vez, Tatiana había planeado todo con cuidado: eligió ese lugar pequeño y poco concurrido justo para que Fabián estuviera tranquilo y ella pudiera hacer lo suyo sin interrupciones.

Jamás pensó que el destino le jugaría una mala pasada y terminaría topándose con Joana ahí. ¡Parecía que esa mujer la seguía por todas partes, como una sombra molesta que no se quitaba ni con agua bendita!

No solo la presencia de Joana le revolvía el estómago, sino que la reacción de Fabián también la puso en alerta. ¿Será que ya sospechaba algo?

Tatiana tragó saliva, escondió el odio que le chisporroteaba en los ojos y se acercó rápidamente, fingiendo preocupación.

Fabián la escuchó, y aunque apenas la miró de reojo, sus puños volvieron a apretarse con furia.

—Joana, haber estado contigo es la mayor vergüenza de mi vida. ¡Hasta aquí llegó nuestro matrimonio, se acabó!

Apenas terminó de soltar esas palabras, jaló a Tatiana hacia él.

—Tati es la única mujer que amo, ¡ni te ilusiones!

El corazón de Tatiana latía tan fuerte que sentía que se le salía del pecho, pero al oír la última parte de lo que dijo Fabián, pudo respirar tranquila.

—Seguro esa mugrosa de Joana aprovechó que yo no estaba para meterle ideas raras a Fabián —pensó, con rabia.

Por suerte, parecía que la memoria de Fabián seguía anclada en la época en que la amaba.

Si no, no quería ni imaginarse el desastre.

Joana, por su parte, se quedó mirando a los dos sin entender nada, y luego soltó una carcajada sarcástica.

—Pues muchas gracias, Fabián. Si así están las cosas, mañana mismo firmamos el divorcio. No me hagas perder más el tiempo.

La última vez, por culpa de un accidente de carro, los papeles del divorcio se habían quedado a medias. Y justo cuando parecía que todo iba a resolverse, Fabián perdió la memoria en el momento más crítico.

Simón Rivas le había pedido personalmente a Joana que no lo pusiera bajo presión.

Desde que se reencontraron, Joana había hecho todo lo posible por contenerse.

Pero si Fabián mismo estaba tocando el tema, ya no había motivo para seguir aguantando.

Tatiana, que no le quitaba el ojo de encima, notó que Fabián seguía mirando a Joana como si le diera asco y se sintió aliviada.

—No hace falta que me lo recuerdes. Mañana firmamos el divorcio, y no llegues tarde.

—Fabián… ¿quieres otra copa? —preguntó Tatiana mientras le acercaba el vaso con el licor que él no había tocado antes.

—Mejor no. Todavía tengo que manejar para volver a casa.

Los ojos de Fabián brillaron con algo extraño, y la abrazó aún más fuerte.

...

Al día siguiente, Joana llegó temprano a la puerta del registro civil.

Ya estaba curtida en esto. Después del desastre de la vez pasada, llegó con tiempo y hasta apartó su turno.

Fabián no dijo una sola palabra en todo el trayecto.

Tatiana, por su parte, había cancelado todos sus compromisos solo para asegurarse de que el divorcio se concretara, y lo observaba desde el carro.

Ya dentro, el personal les informó que, como la última vez ninguno de los dos se presentó a la hora acordada, el periodo de espera para el divorcio se había reiniciado desde cero.

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