Entrar Via

Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 463

Justo en ese momento, los dos hombres del privado de enfrente también salieron al pasillo.

—¿Tan rápido terminaron de comer? —preguntó Lorenzo, lanzando una mirada más allá del camarero que ya empezaba a recoger la mesa en su salón.

Él justo pensaba ir a saludar a Joana, pero no esperaba encontrarse con ella tan de repente.

Joana ayudó a Paulina a pasar el umbral de la puerta.

—No, es que Paulina no se siente bien. Vamos a ver si podemos cambiarnos a otro privado —explicó.

A un lado, Patricio la miró sin mostrar emoción.

—Recuerdo que cuando llegamos, la chica de la entrada nos dijo que hoy el restaurante estaba lleno, ¿no?

Joana seguía sintiéndose un poco incómoda ante la mirada de Patricio. Tal vez era su imaginación, pero no podía quitarse de la cabeza la idea de ser una presa a punto de ser cazada.

—Ya hablé con la recepción —insistió ella, intentando sonar tranquila—. Voy a ver si hay algún privado que ya hayan desocupado. Mientras, quiero sacar a Paulina a que respire un poco.

Lorenzo se fijó en la chica junto a ella, que tenía el semblante pálido y débil. Sin duda, parecía estar mal.

—¿Por qué no vienen a nuestro privado? —propuso Lorenzo—. Ahí tenemos aromaterapia relajante, y justo el doctor Patricio está con nosotros. Puede revisar a la señorita Paulina.

Joana, por reflejo, miró a Patricio.

—No queremos molestar, de verdad. Ya es mucha molestia para ustedes.

No era lo más correcto obligar a un doctor a trabajar fuera de su horario, y menos con la pinta de Patricio, que daba la impresión de que si alguien le caía mal, era capaz de noquearlo de un golpe. ¿Cómo iba a aceptar?

Paulina también había notado que el doctor Patricio era el mismo tipo que parecía salido de una banda peligrosa.

¿Ese sujeto era médico? Vaya sorpresa.

El hombre, al notar su mirada, se la devolvió de reojo, como si pudiera leer todos sus pensamientos.

Paulina apretó más fuerte la mano de Joana.

En ese instante, Patricio, con una mano en el bolsillo, permanecía en las sombras. Sus ojos, casi ocultos, parecían los de un águila al acecho, con una energía contenida que asustaba.

¡Ni de chiste iba a meterse con él!

Paulina, desesperada, le lanzaba miradas a Joana, rogándole que hiciera algo.

Joana carraspeó, tratando de salir del apuro.

Del otro lado, la voz masculina, profunda y un poco quebrada, resonó en el pasillo:

[Joana, ¿cuándo regresas a casa? Te extraño.]

Las mejillas de Joana se encendieron como si le hubieran puesto chile.

El pasillo estaba tan silencioso que la voz, ni muy alta ni muy baja, se escuchó perfecta para que todos, incluida Paulina, la oyeran sin perder detalle.

La cara de Lorenzo se ensombreció.

Patricio mantuvo una expresión imposible de descifrar.

Enzo no pudo ocultar su sonrisa de triunfo.

¡Eso era! Desde lejos había notado que esos dos no traían buenas intenciones. Ante una situación así, solo él podía salvar a su cuñada y no dudó en contactar a Arturo.

Joana sostenía el teléfono como si quemara. No había tenido tiempo de quitar el altavoz cuando la voz volvió a sonar, aún más directa, casi íntima:

[¿No me extrañas, amor?]

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo