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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 569

La mirada de Emilio cambió de inmediato. Sacó unas esposas de su bolsillo y, sin titubear, se las puso a Juliana.

—¡Si estuvo mal, estuvo mal! Juliana, la familia Gálvez te denunció. Fuiste tú quien mandó a secuestrar a Joana. Ahora nos vas a acompañar al departamento de policía para que rindas cuentas.

En ese instante, Juliana sintió que la sangre se le iba para los pies.

—¡Emilio! ¿Qué estás diciendo? ¡Soy tu tía! ¡No puedes traicionarme así!

Pero Emilio ni se inmutó ante sus gritos e intentos de zafarse. La sujetó firmemente y la llevó directo al carro patrulla.

Santiago, que se había estado escondiendo tras la pared de enfrente, presenció todo y casi se le sale el alma del cuerpo.

Ahora sí se habían metido con gente que no debían…

...

Joana despertó rodeada por una pequeña multitud.

La primera en notarlo fue Dafne.

—¡Mamá, ya despertaste! —su voz temblaba de alegría, aunque los ojos rojos delataban que había estado llorando hacía poco.

En realidad, todos habían llegado temprano a la primaria. Querían sorprender a Joana. Pero en vez de eso, recibieron una llamada suya pidiendo auxilio.

Arturo no puso el altavoz, pero igual todos alcanzaron a escuchar los gritos y el llanto desgarrador de una niña al otro lado de la línea.

No era Joana, pero por las voces de varios hombres, supieron que algo malo le había pasado.

Arturo localizó de inmediato la ubicación de Joana.

Ellos querían ir con él, pero Arturo se plantó y los dejó en la escuela.

No volvieron a ver a Joana hasta que estuvo a salvo, en la casa del director.

Lisandro, entre lágrimas y risas, le apretó la mano con fuerza.

—¡Mamá, por fin despertaste!

Carolina también se arrimó a la cama.

En realidad, cuando el carro embistió, a Joana le pasaron mil cosas por la cabeza.

Si de plano la cosa se ponía fea, iba a arrastrar a Cristian con ella, así fuera lo último que hiciera.

Pero no podía dejar a sus hijos con una mamá marcada para siempre.

Y Arturo… seguro su mamá la odiaría aún más.

Justo cuando creía que ya no podía más, Arturo apareció. Como un salvador, apareció.

En su mente quedó grabada la imagen de Arturo, con esa expresión intensa y furiosa. Jamás lo había visto tan enojado.

—Joana, cuando el señor Fabián nos llevó a la casa de los Gálvez, pensábamos que no saldríamos vivos. Qué alivio que estés bien —dijo Isidora, acercándose a la cama, todavía con el susto pintado en la cara.

Al oírla, Joana la miró de frente.

—¿Dices que Fabián fue quien los llevó?

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