Sabrina apretó la mano de Joana y le lanzó una sonrisa cómplice.
—Oye, estoy bien. Ya he pasado por tormentas más fuertes, ¿acaso crees que un tipo va a poder detenerme?
En el peor de los casos, pensó, me separo y crío a mi hijo sola.
Sabrina no era de esas mujeres que creen que sin un hombre no pueden vivir.
Sin embargo, la situación en Estudio Bravura no era nada alentadora, pero eso no se lo contó a Joana.
Joana aún no se quedaba tranquila.
—Sabrina, si necesitas ayuda con algo, por favor dímelo.
—Con solo escuchar eso, siento que todo el cariño que te tengo ha valido la pena —le respondió Sabrina, dibujando una sonrisa en sus labios.
Joana se rio con ella, contagiada de su energía.
—Por cierto —añadió—, el trabajo de Isidora ha mejorado mucho. Para esta exposición, propuse que presentara una de sus piezas.
—¿En serio? —Sabrina arqueó las cejas, sorprendida—. A ver, quiero ver con qué salió ahora esa tragona que solo piensa en descansar.
Cuando Isidora estaba en Estudio Bravura, su nivel era aceptable, pero no se esforzaba demasiado.
Que Joana hablara tan bien de ella significaba que algo especial había logrado.
Las dos caminaron juntas hacia el área tras bambalinas de la exposición, y justo en ese momento, se cruzaron con Isidora.
Ella llevaba una falda en la mano, y al ver a Sabrina, agitó la mano, entusiasmada.
—¡Jefa!
—Ajá, ese es el entusiasmo que me gusta —le devolvió el saludo Sabrina, echándole un vistazo a la prenda—. Se ve muy bien, la verdad. Parece que en Estudio Bravura no supimos aprovechar tu talento.
Isidora se apresuró a aclarar:
—¡Nada que ver! Siempre voy a estar agradecida con Estudio Bravura por darme la oportunidad.
Las tres se echaron a reír, hablando y bromeando sobre la falda mientras seguían su camino al backstage.
...
Apenas llegaron al área de camerinos, los alcanzó un escándalo.
Un grupo de modelos vestidas con ropa de diseñador rodeaban a alguien, todas con caras largas y gestos desagradables.
—¡Qué provinciana! ¿Ahora qué vas a decir? ¡Al menos inventa algo creíble! ¿Cómo crees que Samara se iría a mezclar contigo? Ella solo tuvo buena onda y ahora quieres voltearle la tortilla.
Rosalía apretó el borde de su blusa, sintiendo que la presión la ahogaba.
—No es cierto…
—¡Sáquenla de aquí! Si fuera alguien importante, ya vendría alguien a defenderla. Seguro es una colada, una espía tratando de robar ideas.
—¡Revisen si no trae una cámara escondida o un micrófono! ¡Quítenle la ropa para checar!
Las chicas comenzaron a acercarse y a forcejear con Rosalía, intentando arrancarle la ropa.
Rosalía jamás había vivido algo así. Por instinto, se defendió y empujó a varias de las chicas, separándolas de un golpe.
Nadie esperaba que tuviera esa fuerza.
—¡Oye, qué te pasa! —gritó una, llevándose la mano al brazo—. ¡Encima de todo, nos golpeas!
—¡Voy a llamar a la policía! ¡Vas a ver!
El lugar se llenó de gritos y alboroto. Las chicas que habían sido empujadas chillaban, y el caos crecía cada vez más.

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