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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 602

—¿Esto es lo que querías que viera?

La voz de una mujer, llena de burla, volvió a sonar.

Samara guardó para sí sus emociones y miró a Violeta, confundida.

—¿Por qué no te enojas? Al verla conseguir el primer lugar, ¿no se supone que deberías hacer algo?

—¿Y por qué tendría que molestarme? —Violeta la miró con desdén—. ¿Y quién te dijo que lo que yo haga te lo tengo que consultar?

El corazón de Samara dio un brinco.

—Señorita Violeta, no es eso... Es solo que escuché que te gustaba el señor Zambrano, y Joana está con esa mujer que siempre está detrás de él. ¿Vas a dejar que se lleve un premio que ni le corresponde?

—¿Escuchaste? ¿Y no escuchaste que lo que más me fastidia es la gente bruta?

Violeta puso los ojos en blanco y se volteó para marcharse.

No iba a perder ni un segundo más con alguien así.

Y pensar que creía que era lista.

Mira nada más.

Queriendo aplastar a alguien con trucos tan baratos, pero ni eso le salió.

Si ni para eso sirve, ¿cómo quiere ganarle a Joana?

Más tonta que un costal de piedras, más tonta que un costal de piedras.

Vaya que había desperdiciado su día con esta inútil.

Samara miró la espalda de Violeta alejarse, sintiendo un golpe seco en el pecho.

¿Le acababa de decir bruta?

El rostro de Samara se ensombreció, apretando los puños hasta que sus uñas se clavaron en la piel.

¡Por eso ese tipo nunca te va a voltear a ver!

...

Joana siguió paseando por la expo junto a Isidora y Rosalía, recorriendo el último pabellón de exhibición especial.

En ese momento, Paulina les envió buenas noticias.

[La cuenta oficial de Estudio Renacer ya pasó los cien mil seguidores.]

Joana agitó el celular, mostrando la pantalla.

—Isidora, ya hay mil pedidos anticipados de tu Sombra de Ceiba.

Isidora se tapó la boca, sorprendida.

—¡No manches! ¿Entonces ya soy la estrella principal?

Rosalía brincó emocionada a su lado.

—¡Isidora, eres increíble!

—Rosalía, manita, esto es trabajo en equipo.

Las dos se tomaron de las manos y giraron en círculos, riendo.

Joana, contagiada por la alegría, soltó:

Isidora le hizo una mueca burlona mientras se alejaba.

—¡Qué amargada!

...

Después del premio, todos los diseñadores y marcas que participaron se acercaron a ellas con buena cara, platicando y felicitando.

Solo la que quedó en segundo lugar, en el backstage, seguía con su cara larga y aquella mirada que no sabías si era de fastidio o de envidia.

Nadie le debía nada.

Pero Isidora lo tomó como si fuera drama de realeza venida a menos.

Y así, le pareció menos pesado.

...

Ya en el carro de Joana, apenas saliendo del estacionamiento, ella recibió una llamada.

—¿Ya llegaste? Nosotras ya terminamos.

Joana miró la pantalla del celular, luego giró el volante hacia la entrada principal de la expo.

Un Cayenne negro estaba estacionado en la banqueta. Entre varias camionetas y carros de lujo, aquel parecía discreto.

A un costado, apoyado en la puerta, estaba un hombre con camisa gris oscuro y lentes dorados, con un aire elegante y reservado.

La gente que pasaba no podía evitar voltear a verlo de reojo.

—¡Oye, no es ese el señor Zambrano? —Rosalía se pegó a la ventana, sorprendida al ver a Arturo.

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