Renata se detuvo un momento, y en cuanto abrió la boca, fue para sembrar discordia.
Con una mirada llena de rencor, soltó:
—Ella se llama Joana, es una mujer calculadora, ambiciosa y superficial. Cada vez que hablo de ella, me hierve la sangre del coraje.
Nombrar a “Joana” bastó para que Renata soltara toda su artillería, contando a Fabián una versión exagerada y distorsionada de lo que había pasado.
Sus palabras estaban cargadas de chismes y de historias volteadas al revés.
Al fin y al cabo, nunca había aceptado a Joana.
Ahora, con Tatiana esperando un bebé, sus críticas y desprecio hacia Joana solo crecieron.
Fabián, al escuchar todo el relato, no pudo evitar fruncir el ceño:
—¿Cómo puede haber una mujer tan aprovechada y sin límites? ¿Por qué no me detuvieron en aquel entonces?
Renata suspiró, resignada:
—Por más que quisimos cuidarnos de todo, con Joana no se pudo. Nos engañó, tuvo a ese niño a escondidas y luego nos amenazó con él.
Tatiana, que estaba a un lado, no pudo ocultar una sonrisa de satisfacción.
Nada como las palabras de Renata para tener peso.
Ni siquiera necesitaba esforzarse en defenderse; la imagen de Joana como una persona sin escrúpulos, superficial y capaz de todo por conseguir lo que quiere, ya estaba bien plantada en la mente de Fabián.
—La que en verdad ha sufrido aquí es Tatiana —añadió Renata—. Por culpa de esa mujer, Tatiana ha estado años a tu lado sin ningún reconocimiento, y aun así siempre ha estado dispuesta a cuidarte.
Fabián miró entonces a Tatiana, que tenía el gesto triste, y la culpa se le hizo nudo en el pecho:
—Perdóname, Tati, por todo lo que te he hecho pasar durante estos años.
Poco después, Vanessa y Renata, con mucho tacto, se marcharon y cerraron la puerta detrás de ellas.
Solo Tatiana se quedó para cuidar a Fabián.
Él volvió a mirarla, sin poder ocultar el cariño en su mirada.
Pero el recuerdo de Joana, sumado a las palabras recientes de Renata, lo llenaba de una repulsión creciente.
—Tatiana, estando embarazada y aun así al pendiente de mí… de verdad te lo agradezco.
Tatiana, que llevaba años a su lado y sabía perfectamente cómo leerlo, captó la señal al instante.
Con solo una mirada de Fabián, entendió: para él, Joana ya era la villana de la historia.
En un rincón donde Fabián no podía verla, Tatiana esbozó una sonrisa triunfal.
¡Ni siquiera tuvo que esforzarse!
...
Mientras tanto, Dafne y Lisandro ya se habían recuperado bastante.
Preguntaron a la enfermera en qué cuarto se encontraba Fabián y, tomados de la mano, salieron a buscarlo.
Al llegar al cuarto y ver que Tatiana estaba ahí, Dafne se puso nerviosa y se aferró al brazo de Lisandro.
Lisandro, al notar el miedo de su hermana, la tranquilizó con una palmada en la mano y le susurró:
—No te preocupes, venimos a ver a papá. Además, ahora que está despierto, seguro va a estar de nuestro lado.

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