En la habitación del hospital, Fabián contempló la puerta que acababa de azotar, temblando de indignación. Se le escapó una carcajada sarcástica.
—Todos se echaron a perder por culpa de su madre. Con esos genes, ¿qué esperabas que saliera de esos hijos?
A Tatiana se le movió una comisura de los labios. Este tipo, cuando se ponía rudo, ni a sí mismo se perdonaba.
Ella se acercó con una sonrisa, dispuesta a calmarlo.
—Ya estuvo, Fabián, tranquilo, no te vayas a enfermar de coraje.
Tatiana tomó la mano de Fabián y la llevó hasta su vientre.
—Mira, toca aquí. Aquí está nuestro bebé. Mejor relájate.
Los ojos de Fabián volvieron a llenarse de alegría. Miró el vientre de Tatiana con una felicidad que no podía ocultar.
Extendió su brazo y atrajo a Tatiana hacia él, envolviéndola en un abrazo. Su voz sonó dulce, pero firme.
—Tatiana, quédate tranquila. Nuestro hijo va a ser muy feliz, te lo prometo.
—Sí, con eso me basta —respondió Tatiana, con una sonrisa más amplia.
...
Al día siguiente.
Joana se enteró de que Fabián había vuelto a perder la memoria.
Pensó que lo que dijo el doctor era poco probable, pero, para su sorpresa, Fabián sí sufrió otra vez de amnesia.
Joana meditó un momento. Decidió que esa era la oportunidad perfecta para poner sobre la mesa el tema del divorcio.
No quería seguir alargando más ese asunto.
Tomó las llaves del carro y se fue directo al hospital.
Durante el trayecto, Joana iba dándole vueltas a la cabeza, pensando cómo le diría a Fabián lo del divorcio. No tenía idea de qué cosas habría olvidado esta vez.
Al abrir la puerta de la habitación, vio de inmediato a Tatiana adentro.

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