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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 654

En la habitación del hospital, Fabián contempló la puerta que acababa de azotar, temblando de indignación. Se le escapó una carcajada sarcástica.

—Todos se echaron a perder por culpa de su madre. Con esos genes, ¿qué esperabas que saliera de esos hijos?

A Tatiana se le movió una comisura de los labios. Este tipo, cuando se ponía rudo, ni a sí mismo se perdonaba.

Ella se acercó con una sonrisa, dispuesta a calmarlo.

—Ya estuvo, Fabián, tranquilo, no te vayas a enfermar de coraje.

Tatiana tomó la mano de Fabián y la llevó hasta su vientre.

—Mira, toca aquí. Aquí está nuestro bebé. Mejor relájate.

Los ojos de Fabián volvieron a llenarse de alegría. Miró el vientre de Tatiana con una felicidad que no podía ocultar.

Extendió su brazo y atrajo a Tatiana hacia él, envolviéndola en un abrazo. Su voz sonó dulce, pero firme.

—Tatiana, quédate tranquila. Nuestro hijo va a ser muy feliz, te lo prometo.

—Sí, con eso me basta —respondió Tatiana, con una sonrisa más amplia.

...

Al día siguiente.

Joana se enteró de que Fabián había vuelto a perder la memoria.

Pensó que lo que dijo el doctor era poco probable, pero, para su sorpresa, Fabián sí sufrió otra vez de amnesia.

Joana meditó un momento. Decidió que esa era la oportunidad perfecta para poner sobre la mesa el tema del divorcio.

No quería seguir alargando más ese asunto.

Tomó las llaves del carro y se fue directo al hospital.

Durante el trayecto, Joana iba dándole vueltas a la cabeza, pensando cómo le diría a Fabián lo del divorcio. No tenía idea de qué cosas habría olvidado esta vez.

Al abrir la puerta de la habitación, vio de inmediato a Tatiana adentro.

—Firma. Así me ahorro la molestia de estarte hablando.

Joana alzó ligeramente una ceja y solo entonces vio claramente en la mesa el título: “Acuerdo de Divorcio”.

Se quedó pasmada.

Hasta hace poco, Fabián se había negado por completo al divorcio, persiguiéndola y suplicando a toda costa. Jamás pensó que hoy sería él quien sacara el tema y le pusiera el documento en las manos.

Parecía que hasta Dios estaba de su lado.

—¿Qué pasa? ¿No quieres divorciarte? —le soltó Fabián con un tono burlón, su voz cortante y aguda—. No te preocupes, este acuerdo ya está revisado y certificado por el abogado. Tu dinero te lo vas a llevar completo, no te voy a quitar ni un peso. Ya no me busques más. Todos estos años de matrimonio, créeme, nunca dejé de despreciarte un solo instante. Hasta esos dos niños, no los tuve porque yo quisiera. Si no tuvieran mi sangre, ni los voltearía a ver. Con tus genes, la verdad, solo me das asco.

Tatiana, de pie a un lado, sonrió con más descaro.

Quería ver hasta dónde podía aguantar Joana, escuchando semejantes palabras.

Mientras Fabián la miraba con un desprecio absoluto, a Joana solo le pareció una completa ridiculez.

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