Al ver que Tatiana había recibido un golpe, a Fabián le dolió el corazón de una manera que no podía explicar.
—Tatiana, ¿estás bien?
Fabián se acercó a ella. En la mano blanca de Tatiana se veía una marca roja muy notoria. Fabián miró a Lisandro con una mirada tan oscura que parecía capaz de congelar el aire.
Lisandro sintió la presión de esa mirada y, sin querer, retrocedió dos pasos.
Tatiana negó con la cabeza, y se mostró tan comprensiva y dulce como siempre.
—No pasa nada, ¿cómo voy a enojarme con un niño? Seguro extraña a su mamá.
Fabián le lanzó a Lisandro una mirada fulminante y su tono era tan seco como un portazo.
—Anda, pídele perdón a la señorita Tatiana. Es increíble que un niño pueda ser tan maleducado. No sé cómo te educó tu mamá.
—¡Ni en tus sueños! —respondió Lisandro, levantando la voz—. Jamás le pediré disculpas a esa mujer. Y por cierto, mi mamá sabe mucho mejor cómo criar a un hijo que tú como papá.
La última frase salió con la voz quebrada, como si las lágrimas le estuvieran arañando la garganta.
Después de decirlo, Lisandro salió corriendo de la habitación sin mirar atrás.
Ese ambiente lo asfixiaba. No soportaba ni un segundo más.
Fabián observó la espalda de su hijo alejarse, pero en el fondo no sintió ni una pizca de remordimiento.
Todo su mundo estaba centrado en Tatiana. Le tomó la mano, la sentó con cuidado y comenzó a aplicarle una pomada con una delicadeza exagerada.
Para él, Lisandro no existía en ese momento.
—Tatiana, no te preocupes por estos niños. Yo mismo me encargaré de educarlos bien. —Fabián habló con rabia contenida—. Esos niños están así por culpa de su mamá. A esa edad, ¿quién puede entender nada de la vida?
Tatiana no pudo ocultar la satisfacción que sentía. No esperaba que Fabián, por fin, estuviera de su lado.
Mientras sentía el frescor de la pomada sobre su piel, miró de reojo el perfil serio de Fabián y la alegría le iba creciendo por dentro.
Con este panorama, aunque Fabián recuperara la memoria, no había manera de que volviera a llevarse bien con esos dos mocosos.
Si las cosas seguían así, el bebé que llevaba en el vientre sería el único heredero.
La fortuna de la familia Rivas sería toda para ella. No pensaba dejarla escapar.
...

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