—Bueno, Paulina, Sr. Enzo, los dejo platicar, tengo algunos pendientes —dijo Joana, saliendo rápido de la sala de juntas y dándoles ese espacio a solas.
No tenía sentido opinar sin conocer toda la historia.
Era mejor que ellos dos hablaran y aclararan las cosas por sí solos.
De todas formas, su intervención no ayudaría en nada.
—Clac—, la puerta se cerró tras ella.
Ahora, en ese espacio cerrado, ya nadie los interrumpía.
Enzo ya no pudo contener sus emociones; se acercó a Paulina con paso firme.
—¿Entonces qué, todavía no lo tienes claro? —le soltó, mirándola fijamente.
Paulina, sin inmutarse, se acomodó los papeles entre los brazos.
—Sr. Enzo, mejor hablemos de trabajo.
—¿Trabajo? —Enzo dejó escapar una risa cargada de ironía.
Al verla tan tranquila y segura, sentía cómo algo dentro de él se retorcía.
—Está bien, vamos a hablar en serio entonces. —Se plantó frente a ella, usando un tono que mezclaba formalidad con burla—. No tengo dudas de tu capacidad, Paulina. Ayudar a los clientes con sus dilemas, alegrarles el día... Todo eso entra en tus responsabilidades, ¿cierto?
La forma en que lo dijo, con ese aire de desafío, dejaba claro que buscaba provocarla.
Quería ver hasta dónde llegaba la paciencia de Paulina. ¿Qué era lo que aún la detenía?
Paulina apretó los papeles contra su pecho.
—Perdón, pero eso no está en mi trabajo. Si necesitas satisfacer alguna necesidad personal, busca a otra persona, por favor.
Enzo sintió que se le encogía el corazón. Sus ojos se oscurecieron y, sin pensarlo, agarró el brazo de Paulina.
—Paulina, tienes el corazón de piedra. He dejado mi orgullo de lado una y otra vez por ti y ni siquiera te tomas un segundo para mirarme. ¿Ni una explicación? ¿Me ves la cara? Y yo que todavía me preocupaba por ti, ¿tanto disfrutas jugar con lo que siento?
—Enzo, por favor, estamos en la sala de juntas. Compórtate —Paulina respiró profundo, su voz temblaba de dolor, aunque ya parecía anestesiada—. No tengo tiempo para esto. El diseño final del uniforme de trabajo ya está listo. Revísalo y podemos iniciar la producción.

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